Trump reaviva el 'god squad' para taladrar el golfo y condenar especies
El Golfo de México puede convertirse mañana en un cementerio de vida. El comité federal resucitado por Donald Trump, apodado 'God Squad', se reunirá el 31 de marzo para otorgar la primera exención en 30 años a la Ley de especies en Peligro y abrir la veda a perforaciones petroleras en aguas protegidas. A la mesa: la supervivencia de la ballena de Rice, de la que quedan apenas 50 ejemplares, y otras 25 especies amenazadas que habitan esas aguas.

El regreso del escuadrón que puede legalizar la extinción
Oceana y Greenpeace ya no hablan de riesgo; hablan de sentencia. Julia Singer, directora de campañas de Oceana, lo resume en una frase que duele: «Invocar al God Squad es dar carta blanca para matar especies con fines de lucro». El Departamento del Interior, dirigido por Doug Burgum, ha convocado al comité a puerta cerrada, sin audiencia pública, sin estudio de impacto revisado. El trámite legal se reduce a una firma que, en la práctica, borra el artículo más sagrado de la legislación ambiental estadounidense: si un proyecto liquida una especie, se para.
El argumento oficial es la «seguridad energética». La traducción ecológica: riesgo de derrames, ruido sísmico que sordera a los cetáceos y 40.000 pozos nuevos que podrían abrirse en plena zona crítica de alimentación y reproducción. Ana Pascual, de Greenpeace, lo ve como el capítulo final de una estrategia más amplia: «Trump quiere arrasar todas las protecciones para regalar el océano a cinco petroleras».
La ironía es brutal. Mientras en Nueva York se negocia el Tratado Global de los Océanos para proteger el 30 % de los mares, en Washington se planifica su subasta. El comité, compuesto por siete altos cargos federales, puede autorizar la exención por «razones de interés nacional». Necesitan cinco votos. Las apuestas internas dan por hecho que los tienen.
La última vez que el God Squad actuó, en 1991, salvó una represa en Idaho a costa del salmón chinook. Esta vez el precio es más alto: el último mamífero marino en extinguirse por culpa del ser humano en aguas de EE. UU. Si la ballena de Rice desaparece, se rompe la cadena alimentaria del golfo y se desata un colapso que arrastrá a la industria pesquera local, que ya factura 200 millones al año.
El martes, cuando el comité levante la mano, no habrás visto fuegos artificiales. Solo el silencio de unos pocos funcionarios que legalizarán la extinción para que los barcos sismicos puedan empezar a disparar aire comprimido contra el fondo marino. Y después vendrán los taladros. Y después, la mancha negra. Y después, la foto de grupo de un presidente que puede presumir de haber matado una ley con dos plumazos.
