Trump ultima a irán: destruirá sus plantas eléctricas y pozos si no abre ormuz
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto el contador a cero: o Irán acepta un acuerdo inmediato para reabrir el estrecho de Ormuz, o él ordenará pulverizar las centrales eléctricas, los pozos de petróleo, la isla de Kharg —el corazón de las exportaciones iraníes— y, por qué no, las desalinizadoras que abastecen de agua dulce a millones de persas. Lo ha dicho desde su avión, lo ha repetido en Truth Social y lo ha rubricado con una fecha implícita: ahora.
La lista de objetivos que ya están marcados
La amenaza no es retórica. Trump deja claro que esos lugares han sido «deliberadamente» preservados hasta hoy. La isla de Kharg, a 25 km de la costa iraní, almacena y embarca el 90 % del crudo que Teherán vende al mundo. Si cae, el flujo se desangra. Y él lo sabe: en marzo ya lo tuvo en la mira y se echó atrás porque, dijo, reconstruirla llevaría años. Ahora ya no hay marcha atrás.
El mensaje llega cuando el barril de Brent supera los 100 dólares y las bolsas se tocan la cara cada vez que aparece la palabra Ormuz. El paso estratégico, bloqueado por Irán desde el 28 de febrero, traga el 20 % del petróleo que se mueve por mar. Trump asegura que Teherán ha aceptado dejar salir 20 buques, pero no exhibe contrato ni fecha. En la práctica, el cuello sigue apretado.

Irán responde: atacaremos a las empresas de ee uu en la región
El canciller iraní, Abbas Araghchi, devolvió la pelota: si tocan nuestras plantas, las refinerías y bases estadounidenses en Iraq, Kuwait y Qatar serán ceniza. La respuesta llegó minutos después de que Teherán e Israel intercambiaran misiles este lunes al amanecer, prolongando un conflicto que ya dura más de un mes y que ha dejado al menos a Ali Khamenei muerto y a su hijo Mojtaba al mando, según la versión que Trump dio a bordo de Air Force One.
El presidente habla de «nuevo régimen» en Teherán, pero no aclara con quién negocia. Ni nombre, ni foto, ni ubicación. Solo insinúa que el progreso es «enorme». Mientras tanto, los satélites muestran que los buques iraníes siguen atravesando el estrecho con banderas prestadas y que los precios del crudo marcan máximos desde 2022.
La jugada es simple: Trump quiere que el mundo vea que puede apagar la luz y el grifo de Irán sin mover un portaaviones. Que un solo post puede alterar el tablero. Que el riesgo ya no es geopolítico, es inmediato y eléctrico. Y que, si alguien duda, la isla de Kharg es la primera en la lista. El reloj corre. El petróleo, también.
