Un adolescente dispara en una escuela de santa fe y desata la pesadilla que nadie quería imaginar
A las 7:14 de este lunes, Ian Cabrera, 13 años, arquero de Inferiores del Club Independiente y hincha de River, cruzó el patio de la Escuela N°40 “Mariano Moreno” sin imaginar que sería el último sol que le daría la cara. Un compañero de 15 años salió del baño con la escopeta calibre 12/70 del abuelo, le apuntó al pecho y disparó. El primer tajo de plomo mató al instante. Luego vino la ráfaga: otros siete disparos que hirieron a ocho estudiantes más y dejaron a San Cristóbal —un pueblo de 14 mil habitantes en el centro-este santafesino— respirando pánico a plena luz.
El arma que pasó desapercibida entre cuadernos y mochilas
La escopeta viajó oculta en una mochila negra. Dentro también había una canana con 14 cartuchos UAB, un taco contenedor y una caja de perdigones que la abuela usaba para cazar liebres. El adolescente no necesitó entrar por la reja principal: ingresó como cualquier alumno, saludó, preguntó por el baño —un lugar que ya conocía de memoria— y se encerró apenas ocho minutos. En ese breve lapso armó el arma, respiró hondo y salió a cazar. “Pensamos que era un petardo”, confiesa un testigo. El ruido seco, sin embargo, era la banda sonora de una furia que nadie supo leer a tiempo.
La fiscal Carina Gerbaldo y su par Mauricio Espinoza reconstruyen la secuencia con dos vainas servidas y una docena de cámaras de seguridad. El asistente escolar Luis Ojeda fue quien redujo al tirador: se abalanzó, lo tomó del cuello y lo inmovilizó contra el piso de cemento. El muchacho no opuso resistencia. Se dejó esposar como si el guión ya estuviera escrito. En la comisaría local no lloró. Tampoco habló. Solo pidió agua.

Una familia quebrada y una licencia psiquiátrica sin respuesta
Vive con su madre, docente con licencia por estrés, y apenas ve al padre, un camionero radicado en San Jaime de la Frontera, Entre Ríos. Los investigadores detectaron “consumo problemático” en el adulto y “conflictividad familiar” en el menor. Los abogados Néstor y Macarena Oroño —defensores del adolescente— aseguran que el chico recibía tratamiento psicológico y que hace un año se autolesionó. “Nunca manifestó agresividad contra terceros”, repiten. Sin embargo, compañeros lo recuerdan víctima de bullying permanente: “Le decían ‘el mutante’ porque no hablaba”, cuenta una alumna de tercer año.
El protocolo escolar no registró señales de riesgo. José Goity, ministro de Educación de Santa Fe, lo certifica: “Transitó inicial, primario y secundario sin antecedentes disciplinarios”. La escuela no tenía detector de armas ni guardia urbana. Tampoco un psicólogo presente ese día. El nuevo Código Penal Juvenil, que endurece penas para menores de 16, entrará en vigencia dentro de 180 días. Por ahora, el tirador es inimputable y quedó alojado en un centro de menores de la capital provincial.

San cristóbal, un pueblo que ahora mira sus grietas
Mientras el cuerpo de Ian era velado en la casa familiar, los vecinos colocaron velas blancas sobre el cordón de la escuela. El club Independiente decretó luto y suspendió los partidos de inferiores. En las redes, una prima de la víctima escribió: “Ignorar lo que sienten nuestros jóvenes también tiene consecuencias”. La frica resume el miedo colectivo: en Santa Fe hay 370 mil armas registradas y se estima que otras 150 mil circulan en el mercado informal. La mitad de los homicidios juveniles del año pasado se cometieron con escopetas de un familiar.
La autopsia confirmó que Ian murió por “trauma torácico masivo”. El cuerpo presentó 48 perdigones alojados. El informe psicológico del agresor, aún en elaboración, podría demorar meses. Mientras tanto, la escuela N°40 permanece cerrada. Las clases se reanudarán el año que viene, pero los docentes ya avisaron: no volverán sin un dispositivo de seguridad y un equipo de salud mental que funcione las 24 horas. La provincia prometió 500 mil pesos para vidrios antibalas y puertas blindadas. La cifra habla por sí sola: es lo mismo que cuesta un tractor usado en la zona. San Cristóbal, que exporta soja y fútbol, ahora exporta una pregunta que nadie quiere responder: ¿cuántas escopetas duermen hoy dentro de un placard, cargadas, esperando la próxima campana?