Un bus de fuente del norte se estrella en la ca-9 y deja varios heridos graves
La medianoche del sábado se rompió con el chirrido de metal en el kilómetro 227,5 de la CA-9 Norte, la arteria que une Petén con la capital. Un autobús de Fuente del Norte —procedente de Petén con destino a Ciudad de Guatemala— se comió la parte trasera de un tráiler y transformó el asfalto en un hospital improvisado.
Las brigadas de Provial y los bomberos voluntarios llegaron a la aldea El Gran Cañón, Morales, Izabal, cuando la carretera olía a gasolina y a pánico. El impacto fue frontal para el bus: la carrocería se partió, los asientos se retorcieron y varios pasajeros quedaron atrapados entre hierros que antes eran asiento. La Policía Nacional Civil cerró el paso hacia el sur y el tráfico se convirtió en una serpiente de camiones y coches que no avanzaba.

El tramo maldito del atlántico
Los socorristas repitieron un guion que ya conocen de memoria: curvas pronunciadas, pendiente y pavimento resbaladizo por la lluvia. El kilómetro 227 lleva años en la lista negra de Provial; allí los frenos pierden efecto y la velocidad se vuelve veneno. «Reduzcan velocidad y no rebasen en línea continua», gritaban los uniformes mientras las grúas levantaban el bus como si fuera un juguete roto.
Los heridos críticos fueron distribuidos entre el hospital de Morales y el regional de Puerto Barrios. La cifra exacta aún la pelean las autoridades: algunos hablan de seis, otros de nueve. Lo que sí está claro es que varios pasajeros terminaron la noche en pabellones de cirugía y otros con ataques de nervios que los paramédicos atendieron con vendas y palabras.
La investigación recién empieza. La PNC no descarta exceso de velocidad ni fallas mecánicas; los peritos ya sacaron la caja negra del bus y revisan si el tráiler llevaba el reflectivo reglamentario. Mientras tanto, la CA-9 Norte sigue semibloqueada y los transportistas cuentan los costos: pérdidas de carga, horas extras y combustible quemado en vano.
El domingo amaneció con el asfalto limpio, pero la huella del impacto sigue grabada en la carretera: una sombra de goma negra que recuerda que la ruta al Atlántico sigue siendo una ruleta rusa para quienes no respetan el límite de velocidad.
