Un chagón fabricado en un solar mata a un niño de 7 años en boca chica: la bala salió del cañón de su hermano de 11

Un proyectil de perdigones calibre 12 perforó el cuello de Luimi mientras jugaba a las carreras con su hermano en la habitación de cemento que comparten en Los Tanquecitos. El gatillo lo apretó el niño que le daba la mano: once años, 28 kilos, misma camiseta de la selección. El arma no era de juguete: un chagón ensamblado con tubo de gas y cinta aisladora que alguien dejó tirado en un solar donde pastan cabras.

El rastro de pólvora empieza en el monte

La tarde del 27 de marzo el mayor de los hermanos salió a cuidar la manada familiar. Entre la maleza encontró el fusil artesanal, lo cargó con un cartucho oxidado y lo escondió bajo la pollera de su camisa. Regresó a casa, cerró la puerta corrediza de zinc y fue a enseñar el «juguete nuevo» a sus hermanos. El disparo se escuchó a las 5:42 p.m.: un estruendo seco que en Los Tanquecitos confunden con las explosiones de los motores de lancha que parten hacia Isla Saona.

La madre, que cocinaba sopa de fideos en la estufa de leña, encontró a Luimi tendido boca arriba, la camiseta empapada en sangre oxigenada. El niño de once años aún sostenía el cañón con las dos manos, miraba el techo sin parpadear y repetía: «No sabía que era de verdad». La ambulancia tardó 38 minutos en atravesar los baches del sector; el diagnóstico en el hospital Hugo Mendoza fue «herida de entrada sin salida: orificio de 2 cm en la tráquea y fractura de la segunda vértebra cervical».

Armas que nadie registra y todos conocen

Armas que nadie registra y todos conocen

Los chagones —pistolas y escopetas hechas con tubos de PVC, resortes de cama y clavos limados— circulan en la periferia de Santo Domingo como moneda corriente. La Policía Científica calcula que sólo en Boca Chica hay al menos 300; la mayoría se fabrican en talleres clandestinos de Andrés y se venden a 800 pesos (14 dólares) la unidad. No tienen número de serie, no figuran en estadísticas y, por tanto, no existen hasta que estallan en una sala de estar.

El subdirector de la Policía Nacional, general Ramón Castro, admitió que «no tenemos un censo de armas artesanales» y anunció un operativo de desarme que, en la práctica, se reduce a rastrillajes cuando ya hay cadáver. El Ministerio Público abrió causa contra «autor desconocido» por fabricación y abandono de arma de fuego, figura que en el Código Penal dominicano castiga con hasta cinco años de prisión, aunque nadie recuerda una sola condena.

El menor quedó en libertad y el debate, en la calle

El menor quedó en libertad y el debate, en la calle

El niño de once años pasó la noche en la sede de la Fiscalía de Menores y al día siguiente regresó al brazo de su madre. La ley dominicana exime de responsabilidad penal a menores de 13 años; el caso se archivará en un expediente que apenas ocupará dos carpetas. Mientras tanto, en Los Tanquecitos las madres ya no dejan a sus hijos subir al monte tras las cabras: prefieren que duerman la siesta bajo la redes por miedo a que traigan otro «juguete» que dispara plomo.

El cadáver de Luimi ingresó al Inacif a las 11:15 p.m. del mismo día. La fosa en el cementerio municipal de Boca Chica costó 5 000 pesos que la familia pagó a plazos. En la esquina de la casa, la vecina levantó un altar con velas y una foto escolar donde el niño de 7 años sonríe con dos dientes menos. Debajo, alguien escribió con marcador negro: «Aquí no se olvida que las armas no se hacen con tubos».

La cifra habla por sí sola: en lo que va de año, la Policía ha incautado 47 chagones en el Gran Santo Domingo; once estaban cargados y cuatro eran manejados por menores. Mientras tanto, en Los Tanquecitos, el solar baldío sigue igual: maleza, cabras y un tubo oxidado que espera la próxima mano infantil.