Un colombiano preso en méxico le suplica a petro que lo salve
Desde una celda en el penal de Morelia, Michoacán, Iván Cano grabó un video mirando directo a cámara y le habló al presidente Gustavo Petro como si fuera la última carta que le quedaba por jugar. Porque, en la práctica, lo era. El joven de 25 años, originario de Villavicencio, lleva más de un año detenido en México acusado de pertenecer al Cártel Jalisco Nueva Generación. Su familia, sus abogados y ahora el programa Los Informantes de Noticias Caracol sostienen algo radicalmente distinto: que Iván no es un criminal. Que es una víctima.
Una oferta de trabajo que cruzó la frontera del horror
La historia comienza, como tantas pesadillas, con una promesa razonable. Cano recibió una oferta para trabajar en sistemas informáticos, financiada por una supuesta empresa de paquetería. Era su primer viaje fuera de Colombia. Al aterrizar en Guadalajara, Jalisco, no encontró ninguna oficina. Lo que encontró fueron integrantes del CJNG, que lo retuvieron durante dos semanas y lo sometieron a torturas con el objetivo de obligarlo a ejecutar ciberataques.
Hay un detalle que la defensa repite con insistencia: Cano pesa 50 kilos y padece síndrome de Marfan, una enfermedad genética degenerativa que afecta gravemente el tejido conectivo. La imagen de este joven como soldado de élite de una de las organizaciones criminales más violentas del continente no resiste el menor escrutinio médico. Pero la justicia mexicana, hasta ahora, no ha dado señales de revisarlo con esa lupa.

El día que la guardia nacional llegó y todo se torció
Cuando la Guardia Nacional mexicana irrumpió en el rancho donde Cano estaba retenido, él esperaba ser rescatado. No ocurrió así. Las autoridades lo presentaron ante los medios y el sistema judicial con el alias de Guacamaya, señalado como miembro de la célula FEM del CJNG, supuestamente bajo las órdenes de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. De víctima a acusado en cuestión de horas.
Una denuncia anónima fechada el 20 de mayo de 2025, presentada por un ciudadano venezolano que asegura haber sido secuestrado en las mismas condiciones, describe la presencia de otras víctimas indocumentadas y armas de grado militar en ese mismo rancho. El relato coincide punto por punto con la versión de Cano. Aun así, no ha bastado para mover el expediente.

La súplica que llegó hasta la presidencia de colombia
En el video difundido por Los Informantes, Cano habla con la voz quebrada de quien ya no tiene nada que perder en el tono. «Estoy acusado injustamente, sin pruebas contundentes, en el cual ya llevo un año aquí en esta prisión», dijo. Le pidió a Petro «una sola oportunidad para regresar a casa, a abrazar a mi familia». La directora del programa, María Elvira Arango, trasladó el mensaje directamente al mandatario colombiano.
La defensa argumenta que las inconsistencias en el expediente son múltiples y que ninguna prueba material sitúa a Cano como actor activo dentro de la organización. El proceso sigue abierto. La familia reclama intervención diplomática. Y el Estado colombiano, por ahora, guarda un silencio que pesa tanto como una condena.
Iván Cano llegó a México buscando un empleo. Lleva más de un año esperando que alguien, desde Bogotá, decida que su vida vale una llamada telefónica.
