Un dacia de 4.000 € se disfraza de eléctrico y engaña a los compradores

El anuncio promete un coche eléctrico por precio de móvil de gama alta. El lunes, en el parking del Alcampo de Fuenlabrada, un vecino se planta frente al concesionario con 4.000 € en la mano. Cree que va a llevarse un Dacia eléctrico. Pero el cable de carga es de mentira, el etiquetado ECO es un pegatina y bajo el capó late un motor de gasolina que no respeta ni la norma Euro 6. La estafa no es un error: es la estrategia.

La trama comienza en los portales de coches de ocasión. Un anunciante anónimo coloca la palabra “eléctrico” en el título y acompaña la foto de un Dacia Sandero pintado de azul cromado con una calcomanía casera que dice “100 % electric” en el portón trasero. El texto del anuncio se cuida de no mentir: habla de “motorización eficiente” y “consumo reducido”. Pero el engaño ya está en la retina del comprador. La palabra mágica ha hecho su efecto.

El truco del pegatina verde

El peritaje mecánico es demoledor. El vehículo, matriculado en 2020, lleva un propulsor 1.0 SCe de 73 caballos que emite 127 g de CO₂ por kilómetro. Ni batería, ni motor de inducción, ni siquiera microhibración. Solo un reluciente distintivo verde impreso en una impresora doméstica. El concesionario que lo enseña lo justifica: “Es que la gente pregunta por eléctricos baratos y no hay existencias”. La frontera entre la creatividad y el fraude se reduce al grosor de un adhesivo.

El engaño no es marginal. En los foros de coches eléctricos de segunda mano proliferan denuncias similares: un Renault Clio con etiqueta “mild hybrid” que nunca fue híbrido, un Kia Picanto con calcomanía ECO que no tiene homologación CERO. El modus operandi es siempre el mismo: aprovechar la escasez de stock de coches eléctricos y la urgencia del comprador medio que quiere estrenar distintivo azul sin pagar más de 10.000 €.

La multa que no llega

La multa que no llega

La ley sí castiga la publicidad engañosa: el artículo 18 de la Ley 7/1996 permite sanciones de hasta 15.000 €. Pero la traba burocrática es letal. Hay que demostrar la intención de engañar y el daño patrimonial. Mientras tanto, el anuncio lleva online dos semanas y el coche ya se ha vendido. El vendedor desaparece y reaparece con otra placa de matrícula y otro número de teléfono prepago. La estafa queda en impune espera.

En la Dirección General de Consumo reconocen el problema: “No damos abasto. Denunciamos, pero los anuncios se replican en mil portales distintos”. La patronal Anfac se lava las manos: “Son vehículos usados; no podemos controlar lo que pega un particular”. El comprador, sin embargo, pierde la ayuda de 7.000 € del Plan Moves, paga el impuesto de circulación completo y, cuando intenta revender, descubre que su “eléctrico” vale 1.500 € menos que el mismo modelo sin pegatina.

Cómo no morder el anzuelo

Cómo no morder el anzuelo

Los talleres homologados ofrecen un test de 15 minutos: conectar el OBD, leer el modelo de motor y verificar que el número de chasis coincide con la ficha ténica. El coste: 20 €. La mayoría de compradores lo saltan. “ pensaban que con mirar el cable de carga ya valía”, cuenta Lucía Ramos, jefa de Taller en Leganés. Su recomendación: exige la ficha de características oficiales y compara el código de motor con el que aparece en la documentación. Si el vendedor se niega, hay dos opciones: o está ocultando algo o no tiene ni idea. En ambos casos, corre.

La tentación es comprensible: el mercado de coches eléctricos de ocasión está secado. Los pocos que llegan se venden en 24 horas. Pero caer en la trampa del Dacia blue-fake cuesta más que dinero: condena al comprador a seguir pagando gasolina, mantenimiento de motor térmico y, sobre todo, a explicar por qué su “eléctrico” suena a pistones cada vez que arranca.

El precio de la vergüenza

El precio de la vergüenza

El martes, el vecino de Fuenlabrada devolvió el coche. Exigió la devolución íntegra tras amenazar con denunciar. El concesionario accedió: devolvió los 4.000 € a cambio de callar. No hubo contrato, no hay constancia. El coche ya está de nuevo anunciado, esta vez sin la pegatina verde. El texto ahora dice “gasolina eficiente”. El mismo coche, la misma foto, el mismo vendedor. Solo ha cambiado una palabra. Y basta.