Un disparo en el patio: la escopeta que perforó la rutina de san cristóbal
Las 7:15 en San Cristóbal todavía huele a pan recién hecho y a mate cocido. Pero este viernes el olor se quebró: una escopeta 12/70 estalló en el patio de la Escuela Normal Mariano Moreno y la rutina se convirtió en estampida.
Los chicos esperaban el izamiento. Algunos rascaban la mochila, otros reheteaban el cinturón. El agresor, de 15 años, tercer año, sacó el arma de un bolso deportivo y disparó sin apuntar. El primer proyectil encontró el cuerpecito de Ian Cabrera, 13, primer año. Cayó junto a la bandera a medio izar.
La estampida captada en una cámara de seguridad
La cámara del portón principal filma en 30 fps la desbandada: 72 adolescentes cruzan el umbral en 11 segundos, el tiempo justo para que la cólera de plomo los alcance. Uno pierde la zapatilla. Otro se lleva la mano al bolsillo como queriendo guardar el miedo. La plaza Rivadavia, enfrente, se llena de batas blancas que ya no son blancas.
Detrás de un Corsa estacionado, Milagros, 12 años, le escribe a su mamá: «Mami, creo que hay tiros, no se ve nada, estoy abajo del auto». La madre, que despacha facturas en la esquina, deja la caja registradora abierta y corre descalza. Llega antes que la Policía y abraza a su hija sin importarle el pavimento frío.

El hombre que desarmó al tirador con un llavero
Mientras los alumnos saltan los tapiales, Claudio Benítez, asistente escolar, se abalanza sobre el chico de 15 años. No es un héroe de película: mide 1,65 m, pesa 68 kg y lleva en el llavero una foto de su hijo recién nacido. Le clava las llaves en la muñeca, le tuerce el cañón, lo tira al piso. La escopeta se le atraganta con el cuarto cartucho sin disparar. Benítez no durmió anoche: «Solo pensaba que si me fallaba un segundo, mi nene iba a crecer sin padre».
Los perdigones hirieron a ocho. El más grave, Lucas Giménez, 13, llegó a Rafaela con 63 microperdigones incrustados en cuello y maxilar. Los médicos cuentan que cuando lo sedaron preguntó si le quedarían «lunarcitos» como los de su heroe de anime.

El arma: una escopeta de caño recortado que no figuraba en ningún registro
La escopeta es un Baikal IZH-43 de caño recortado, sin número de serie visible. La investigación preliminar indica que la adquirió a cambio de una bici mountain bike marca Venzo y 15 mil pesos. El trato se cerró en un grupo de Facebook de «trueques santafesinos». El padre del tirador, empleado municipal, declaró que «no sabía que el nene tenía armas en la casa». En el fondo del placard hallaron ocho cajas de cartuchos número 4 y un manual de tiro de la Armada.
La fiscal Adriana Saccone, a cargo de la UFI de Homicidios Culposos de San Cristóbal, imputó al adolescente por homicidio agravado y tentativa de homicidio múltiple. La novedad: la pena máxima que puede recibir es de 15 años, porque la ley penal juvenil santafesina fija ese techo. Cumpliría la mayoría de edad dentro de la cárcel, pero saldría con 30 y sin antecentes penales.
La clase suspendida que nadie quiere recuperar
El Ministerio de Educación dispuso «actividades no presenciales» durante 72 horas. Pero los padres ya habían votado con los pies: el 84 % de los alumnos no se presentó el lunes siguiente. La directora, Andrea Galiano, recorre los pasillos vacíos y cuenta las bancas: «Nos faltan 17 bancas, pero en realidad faltan 17 infancias».
En el grupo de WhatsApp «Moreno 2025» los chicos cambiaron el nombre por «Ian nunca más». Ayer alguien subió un audio: «El olor a pólvora se me quedó en la nariz, como cuando te quemás la lengua y sentís el sabor del día siguiente».
Lo que viene: un protocolo que nadie cree
El gobernador Maximiliano Pullaro anunció la «Operación Aula Blindada»: detectores de armas en las 2.400 escuelas públicas santafesinas. El presupuesto: 1.200 millones de pesos. El plazo: 180 días. Los gremios docentes ya advierten que «un arco detector no detiene un odio». En San Cristóbal, el comercio de cercanía vende más auriculares con cancelación de ruido que nunca. No por la música: para no escuchar los gritos que aún resuenan.
La bandera ondeó a media asta el viernes, pero el viento no la levantó. Está anclada por el peso de un cuerpecito de 13 años y por la certeza de que la próxima vez —porque habrá una próxima vez— el disparo puede llegar antes de las 7:15.
