Un disparo en la espalda y un bebé arrancado del vientre: la psicóloga que desató la furia de uribia

La bala entró por la infraescápula izquierda cuando Katherine Torres, psicóloga de 32 años y embarazada de ocho meses, tomaba sol en la terraza de su casa en el barrio Simón Bolívar. El motociclista ni siquiera se bajó. Apretó el gatillo y arrancó dejando un reguero de pólvora y un silencio que aún retumba en La Guajira.

Eli Meriño, su esposo, escuchó el estallido desde la cocina. «Pensé que era un neumático», cuenta mientras aprieta la mano de Salomé, la niña que nació esa misma tarde dentro de una cesárea de urgencia en Maicao. «Luego vi a Katherine tendida, la camiseta empapada y a mi suegra gritando que le habían disparado a la niña.»

El video que llegó antes que la ambulancia

Antes que la Policía sellara la escena y antes que el hospital confirmara que madre e hija estaban fuera de peligro, un clip de 38 segundos circuló por WhatsApp. En la cuenta oficial del alcalde de Manaure aparecía una grabación íntima de Torres con un audio generado por inteligencia artificial que la acusaba de «traicionera» y «merecerse lo que le pasó». La alcaldía asegura que fue hackeo; la fiscalía investiga si fue gatillo previo.

Lo que nadie cuenta es que Katherine nunca había denunciado amenazas. Ni siquiera sospechaba que su nombre estuviera en alguna lista. «No tenemos enemigos», repite Eli mientras enseña el cuarto de la bebé que ya tenía pintado de color durazno. «Ella atendía víctimas de violencia sexual, ¿y ahora resulta que la violencia la alcanzó antes que el parto?»

El comandante de la Policía de La Guajira, coronel José Rosales, tiene una pista: una mujer, aún sin identificar, habría pagado 8 millones de pesos por el ataque. «Estamos frente a un crimen de motivación pasional con sello digital», dice. La hipótesis suena a telenovela, pero el expediente ya suma 14 testimonios y tres capturas en proceso.

La incubadora como testigo

La incubadora como testigo

Salomé pesa 1,8 kg y respira sin tubos. Su primer aliento fue acompañado de una canción de cuna que el personal de la UCI improvisó con los nombres de las enfermeras. «Llegó al mundo con una cicatriz en la espalda de su madre», dice Said Torrado, subgerente científico de la clínica Maicao. «Esa marca es la única pista que no puede borrar ningún hacker.»

Mientras tanto, en Uribia, la personera Eliane Vizcaíno recibe llamadas de mujeres que ahora temen sentarse en sus propias terrazas. «La violencia de género se volvió sniper», resume. La fiscalía abrió una línea paralela por violencia digital; el alcalde Jhon Pimienta cambió contraseñas y contrató un community manager que cuesta 3 millones al mes.

Katherine fue dada de alta el martes. Camina encorvada, como si aún cargara la bala. Eli guarda el proyectil en una cajita de madera: «Es la evidencia de que nuestra hija nació dos veces: una del vientre y otra del miedo». La cifra habla por sí sola: en La Guajira se registran 27 intentos de femicidio este año y solo uno tiene fecha de juicio. El de Katherine no está entre ellos… aún.