Un dron sella la victoria contra el fuego en sierra espuña
A las 10:38 de este domingo, el humo que durante tres días tiñó de sepia el cielo de Sierra Espuña dejó de ser una amenaza. El incendio del Llano de las Cabras —436 hectáreas calcinadas— pasó a ser historia. El director del operativo dio por «controlado» el último frente y, con ese verbo simple, devolvió la tranquilad a 17 kilómetros de perimetro que la noche anterior aún latían.

La noche en que el fuego perdió el pulso
Mientras el resto de la Región dormía, la Unidad Militar de Emergencias (UME) hacía guardia en el aire. Despegó un dron con cámara térmica y recorrió cada centímetro del desastre. No encontró ni un solo punto caliente. Solo dos bocas de fuego, pequeñas y tramposas, intentaron resucitar dentro del área ya quemada; brigadas forestales las apagaron en minutos. Fue la confirmación técnica de que el azote terminó ahí.
El presidente Fernando López Miras lo confirmó en redes antes que los pájaros cantaran: «El incendio está controlado». Nada de aspavientos, ni ruedas de prensa. Un tuit, una llamada al 112 y la fotografía de un helicóptero parado sobre la maleza. La contención late en la brevedad.
Ahora toca el trabajo invisible: 80 personas —bomberos, técnicos, voluntarios— seguirán varios días removiendo ceniza, sellando grietas y cortando árboles que puedan convertirse en nuevas tea. La consigna es «evitar rebrotes» y la consigna se cumple bajo un sol de plomo que ya huele a tomillo recién quemado.
La cifra habla por sí sola: 436 hectáreas, casi 600 campos de fútbol arrebatados al pinar mediterráneo en plena primavera. Pero también hay una cifra que no aparece en partes oficiales: cero heridos, cero viviendas perdidas. En la tragedia forestal, eso es un milagro contable.