Un fisioterapeuta toman las riendas del deporte español: garcía martín salta de la clínica al csd
Pablo García Martín no ha llegado a la promoción deportiva por la puerta grande, sino por la de urgencias. Mañana estrenará despacho en el Consejo Superior de Deportes con una agenda que huele a vendas y sudor: 17 millones de escolares, 8.000 ayuntamientos y una red de centros de alto rendimiento que se cae a trozos. Su arma de precisión: una libreta de fisioterapeuta que usó para reconstruir cuerpos en el Hospital Nacional de Parapléjicos.
De la rehabitación de médula al deporte de base
En los pasillos de la antigua fábrica de tabacos de Toledo todavía se cuentan historias de García palpando vertebra por vertebra a los pacientes que llegaban sin sensibilidad y salían con una raqueta en la mano. Fue allí donde entendió que el deporte no es un lujo, es un aparato ortopédico colectivo. Por eso, cuando el CSD le entregó el expediente X de la promoción deportiva, lo primero que hizo fue subrayar en rojo la palabra mantenimiento. Traducción: hay pistas de atletismo en Castilla-La Mancha que se agrietaron hace dos inviernos y nadie ha firmado el cheque.
El nombramiento se fraguó en la sombra, entre café de máquina y partidas de mus del grupo parlamentario toledano. Milagros Tolón, alcaldesa en funciones y ministra delegada, le dio el sí cuando comprobó que García sabía de memoria el número de polideportivos en riesgo de cierre: 312. La cifra habla por sí sola. También habló su pasado como concejal: en cuatro años duplicó el presupuesto de escuelas deportivas sin tocar el IBI. El truco fue convencer a las farmacias locales para que patrocinaran torneos de fútbol-7 a cambio de publicidad en las bolsas de recetas.

El contrato que nadie firmó
Pero hay un detalle que el comunicado oficial omite: García Martín aceptó el cargo sin pedir ni un euro más para su departamento. El CSD le ha prometido que «estudiará» la partida de 2025; él ha prometido que «innovará» con lo que hay. Traducción: tendrá que inventar ligas universitarias con sedes en bibliotecas, campus que ya funcionan como gimnasios improvisados entre estanterías. La jugada le salió cara a la anterior subdirectora, que se fue tras una pelea por 600.000 euros de subvenciones pendientes.
El miércoles, cuando cruce la puerta de la calle Martín Fierro, llevará en la maleta un informe interno que nadie ha querido ver: el 42 % de los ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes han cerrado sus polideportivos los fines de semana por falta de personal. La solución que baraja es tan disruptera como barata: convertir a los fisioterapeutas en gestores deportivos municipales. Él fue el primero: en su clínica privada de Toledo firmó contratos con cinco pueblos para que sus empleados atendieran a jugadores de fútbol regional a cambio de usar las pistas gratis por la tarde. El modelo se exportará o explotará.
La primera prueba de fuego llegará en junio, cuando arranque el programa «Deporte en la villa». La idea es simple: llevar a los campeones olímpicos a actuar en plazas de toros vacías de programación. Entrada: un kilo de comida no perecedera. García ya tiene la lista: 14 ayuntamientos han ofrecido sus plazas; solo faltan los atletas. La ironía es que muchos aún pasan consulta en su clínica para pagar la hipoteca. El fisioterapeuta que reconstruye sueños ahora tendrá que reconstruir también los presupuestos. El martes, mientras firmaba el contrato, alguien le preguntó si temblaban las manos. Contestó que solo cuando se rompe una fibrilla. Esta vez se juega el país entero.