Un grafiti en la medianoche: la muerte de un chico de 17 años en majadahonda
Las cuatro de la madrugada. La M-509, kilómetro 0,3. Un chico de 17 años cae bajo las ruedas de un coche mientras pinta su nombre en la medianía que divide la carretera. Sus dos compañeros huyen. El conductor llama a la Guardia Civil. El cuerpo tiembla en el asfalto. No hay ambulancia que sirva.
Lo que podría haber sido una anécdota de adolescentes aburridos se convierte en el último capítulo de una historia que se repite: la atracción letal de los muros y las vías rápidas. El chico, vecino de Majadahonda, llevaba un bote de spray y una vida entera por delante. Ahora su nombre aparece en un parte de defunción y, paradójicamente, en la pared que custodiaba.
El lugar donde el asfalto se traga la juventud
La M-509 es una arteria secundaria que une Pozuelo con Boadilla, pero entre la rotonda de la fortuna y el polígono de Prado se estrecha, se ilumina mal y se llena de curvas que invitan al pie derecho. Los grafitis no son nuevos: los municipios llevan años denunciando que las empresas desbrozadoras no llegan y que las medianías se convierten en lienzos de 200 metros por 1,20 de alto, perfectos para una firma que nadie pedía pero todos leen.
Los vecinos dicen que «los viernes hay furgonetas aparcadas a medianoche con la música a tope». Los adolescentes llegan en grupos de dos o tres, se meten entre las barandillas y disparan el spray como quien enciende un puro. El truco está en pintar rápido: en cinco minutos el coche pasa de nuevo y te recoge. Lo que nadie cuenta es que, si falla el cálculo, el coche no frena.
La Guardia Civil de Tráfico no halló huellas de frenada. El conductor, un hombre de 42 años que regresaba de su turno de noche, superó el control de alcoholemia. Dijo que «apareció de la nada, como un fantasma». El atropello quedó registrado a las 04:07. A las 04:15 los compañeros del fallecido ya habían borrado el chat de Telegram donde quedaban citados. A las 04:30 la calzada volvió a rugir como si nada.

Cuando el arte callejero se cruza con la ingeniería de la muerte
El fenómeno no es exclusivo de Madrid. En Barcelona los 'train writers' se cuelan en los túneles del metro; en Valencia los crew firman las pilas de los puentes. La diferencia es que aquí no hay vallas, ni cámaras, ni un plan de mantenimiento que incluya pintura antisaltos. La consejera de Transportes, Isabel Díaz Ayuso, prometió en 2021 «actuaciones inmediatas» tras el último accidente. Han pasado mil días. La mediana sigue siendo un pasillo sin salidas.
El ayuntamiento de Majadahonda ha anunciado un estudio de seguridad vial y cámaras de lectura de matrículas. La asociación de vecinos pide que se ilumine el tramo y se coloquen badenes. La empresa concesionaria, OHL, dice que «no está en su contrato» el control de vandalismo. Mientras tanto, los sprays siguen sonando como latas de refresco al abrirse y los cocones de los SEAT León siguen rugiendo a 120 por hora.
El chico de 17 años llevava una sudadera negra y un pasamontañas de lana. En su mochila encontraron una libreta con bocetos de firmas: SKONE, NEST, LOSE. La última página estaba en blanco. La familia ha pedido que no se publiquen fotos. Los grafitis, en cambio, ya han empezado a aparecer: «REST IN PAINT», rezan, con la R invertida, como si la juventud solo entendiera de símbolos que ya no podrán explicarle a sus padres.