Un marine transporta una granada de 25 mm en su maleta y el tsa la detona en pleno desierto

Lo que empezó como un control rutinario en Palm Springs terminó con una explosión en mitad del desierto californiano. Ryan Weaver, sargento del Cuerpo de Marines, pasó el mediodía del 30 de marzo esposado después de que los escáneres de la TSA detectaran en su equipaje una munición de 25 mm viva, oxidada y con la mecha intacta.

El artefacto, corroido por doce meses al aire libre, llevaba la pintura borrada y confundió incluso al primer equipo de artificieros. Solo cuando lo sometieron a rayos X por segunda vez confirmaron el peor escenario: no era un proyectil de entrenamiento, sino una carga explosiva lista para detonar.

De un campo de tiro al cinturón de seguridad

Weaver, 30 años y natural de Henderson, Texas, contó que encontró la granada en un campo de maniobras hace un año y se la llevó a casa como trofeo. «Pensaba que estaba desactivada», repitió ante el sheriff. El detalle lo explica todo: la munición viajaba envuelta en una camiseta dentro de una mochila de nylon, junto a un cargador de 9 mm y un pasaporte militar con visado de combate.

La TSA no dio opción a la duda. A las 12:05 horas cerraron el carril 3 del terminal B, aislaron la sala de equipajes y convocaron al equipo de explosivos del condado Riverside. En quince minutos evacuaron el perímetro y montaron un cordón de 300 metros. Ningún vuelo se retrasó, pero varios pasajeros grabaron con el móvil cómo un robot transportaba la granada hacia un camión blindado.

La destrucción controlada tuvo lugar a las 14:37 en un solar junto al Gene Autry Trail, al sur de la I-10. El estruendo se escuchó hasta la autopista. «Sonó como un trueno seco, el mismo tono que usan los helicópteros cuando rompen la barrera del sonido», dijo un testigo a CBS.

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Weaver, sin antecedentes disciplinarios, quedó en custodia militar. El caso lo remitieron a la Fiscalía de Riverside bajo el artículo 18710 del Código Penal de California: posesión de dispositivo destructivo. La pena máxima es de tres años y multa de 10.000 dólares. Pero la jurisdicción militar puede imponerle un consejo de guerra si demuestran negligencia en el manejo de material bélico.

El portavoz del 1.º Batallón de Infantería de Marina en Camp Pendleton confirmó que revisarán su historial de adiestramiento en munición y protocolos de retorno de combate. «No es solo un objeto olvidado; es un artefacto que pudo haber matado a 200 personas en pleno despegue», advirtió.

La TSA, por su parte, estudia una sanción civil adicional que podría dejarlo fuera del programa de viajantes confiables y vetado de vuelos comerciales durante cinco años. El informe final se cerrará en 30 días, pero el daño reputacional ya es irreversible: un marine de élite convertido en ejemplo de lo que no hay que hacer al empacar.

La lección es tan simple como demoledora: en el aire no hay segunda oportunidad. Una sola bala oxidada bastó para poner en jaque a uno de los aeropuertos más tranquilos de California.