Un marine vende un misil javelin en el mercado negro y expone la falla de seguridad en camp pendleton
El caporal Andrew Paul Amarillas firmó la entrega de un misil antitanque Javelin en la base de Camp Pendleton y, en vez de custodiarlo, lo convirtió en mercancía. El proyectil de 178.000 dólares terminó en manos de traficantes de Arizona. La fiscalía federal lo acusa de desviar al menos 25.000 cartuchos, dos lanzadores y otros equipos sensibles entre febrero de 2022 y noviembre de 2023. El caso revela una grieta en el sistema de control de armas del cuerpo de infantería de marina.
La munición que nunca debía salir
Amarillas era especialista técnico en munición en la School of Infantry West. Su trabajo le daba llaves y códigos. Según el expediente, sustrajo 66 latas de balas M855, versión militar que prohíbe su venta civil. Solo recuperaron 8.600 cartuchos. El resto circula por calles que la fiscalía prefiere no nombrar.
Los mensajes de texto lo condenan. “Acabo de conseguir algunos ‘javs’ y otros equipos. Tengo dos lanzadores que creo te pueden interesar”, escribió el 3 de agosto. La foto adjunta mostró el número de serie que él mismo había firmado días antes. Un agente encubierto respondió: “Me los llevo”. Así se inició la cadena que llevó al arresto.

El javelin que desapareció sin dispararse
El misil Javelin, fabricado por Lockheed Martin y RTX Corp., es un símbolo de la superioridad tecnológica de EE. UU. en el campo de batalla. Su cabeza buscadora infrarroja puede destruir un tanque a 4 km. Que un ejemplar complete el viaje de California a Arizona sin que nadie lo eche de menos es, como mínimo, una vergüenza logística.
El arma fue localizada en un almacén de Phoenix. No estaba desmilitarizada, ni desactivada. Solo estaba esperando un comprador. La fiscalía calcula que el precio negro ronda los 30.000 dólares, diez veces menos que su valor oficial, pero suficiente para alimentar un mercado que vive de guerras que no son las de Washington.

Camp pendleton revisará cada caja
El teniente general Eric Smith, jefe de la I MEF, ha ordenado un inventario exprés en todas las bodegas de la base. Revisarán cada caja, cada lata, cada serial. El proceso puede durar meses. Mientras tanto, Amarillas permanece en prisión preventiva en Phoenix. La jueza lo considera riesgo de fuga y de “obstrucción activa”.
Ni su abogado ni el pentágono han querido hablar. El silencio es también una forma de admitir que el engranaje falló. Y que, si un cabo puede sacar un misil sin que suene la alarma, alguien más podría sacar algo peor.
La infantería de marina cierra filas. El Congreso ya pide explicaciones. La lección es simple: cuando el control se relaja, el armamento no se pierde; cambia de bando.
