Un motor explota, irán se sale del tnp y cuba recibe su primer crudo ruso del año
Domingo 23:47, São Paulo. El vuelo DL 870 de Delta acababa de despegar cuando el ala derecha vomitó fuego. Un bang seco, una llamarada y 142 pasajeros vieron cómo el Airbus A330 se inclinaba sobre la megaciudad como buscando un lugar para llorar. Aterrizaron vivos. Nadie sabe cuánto durarán las réplicas.
La noche que el atlántico se volvió zona de guerra
Mientras los brasileños contaban sus heridas, a 11.000 km Teherán encendía los micrófonos. El Parlamento iraní discutía una palabra tabú: salir del Tratado de No Proliferación. La razón, dicen, fue el bombardeo conjunto de EEUU e Israel del 28-F. La consecuencia: un reloj nuclear que ya no tic, tic, tica; golpea.
La hipótesis de desarme se rompió en tres días. El viernes, La Habana recibió el Anatoly Kolodkin con 740 000 barriles de crudo ruso: la primera gota de gasolina tras el embargo que estrangula la isla desde enero. El domingo, Haifa volvió a arder. Misiles iraníes dibujaron líneas rojas sobre la refinería más grande del norte israelí. Segunda vez. Cero muertos. Cientos de millones en ceniza.

El norte de israel ya no distingue entre sirenas y vida cotidiana
Ein Shemer, Kiryat Ata, Nahariya: los equipos de emergencia corrieron con mascarillas y oración. Irán por el aire, Hizbulá por tierra. Misiles sincronizados como un ensayo general. La ironía: mientras tanto, en Jerusalén, el informe Rossing Center contabilizó un 63 % más de ataques a cristianos en 2025. Escupitajos, cruces rotas, puños. La guerra santa ya no es entre Estados; es callejera.
Afganistán, entretanto, contaba cadáveres por agua. Logar, Nangarhar, Khost: 17 muertos en 24 horas. Las montañas se derriten antes que la nieve y sepultan aldeas enteras. Nadie firma el parte.
El tablero europeo: droga, microsatélites y un juicio pospuesto
Milán, Barcelona, Marbella: 20 detenidos, 600 kg de hashish, siete Glock. La Guardia di Finanza desmontó la ruta marroquí que alimenta de euforia a la Costa del Sol. Misma jornada, mismo minuto: en Vandenberg, California, el cohete Falcon 9 soltó al Innosat Unamuno, el quinto bebé de la empresa vasca Satlantis. Observará la Tierra con ojos de 30 cm de resolución. Servirá para agricultura de precisión… o para contar bombas.
Londres decidió que Russell Brand podrá respirar hasta octubre. El juicio por abusos quedó aplazado. La prensa británica suspiró: otro verano sin condena.
La reserva moral del planeta mide 700 soldados
El segundo casco azul indonesio cayó en Líbano. Margarita Robles lo confirmó en Madrid con voz de plomo. En el sur del Líbano hay 700 españoles de la UNIFIL. “Están bien”, dijo. La frase suena a consuelo de madre. El Domingo de Ramos, el Santo Sepulcro volvió a abrir gracias a una “rectificación” israelí. Félix Bolaños celebró la victoria diplomática. A los cristianos de Jerusalén les queda el sabor a hostia y a humo.
Tokio, entre tanto, se tiñó de rosa. Los cerezos florecieron con puntualidad suicida. Barcas, selfies, sake. Al otro lado del mundo, Bangkok sudó 43 °C y el gobierno prohibió respirar al aire libre. La postal es dual: hay planetas que celebran y planetas que se incendian.
El fútbol regresa y el progresismo agenda su cumbre
El Barça entrenó en Sant Joan Despí tras el parón. A 5 km, el Global Progressive Mobilisation anunció lista de oro: Sánchez, Lula, Petro y Costa se sentarán en Barcelona el 17-A. Prometen “rediseñar la izquierda pospandemia”. La derecha, entre tanto, recarga misiles.
San Juan, Puerto Rico, celebró la bomba con 400 tambores. Centenario de Tite Curet Alonso. Ritmo, diaspora, resistencia. La nota que falta: la isla sigue sin decidir su estatus. Como Irán, como cuba, como Israel: todos bailan sobre un precipicio legal.
La semana acabó con 142 pasajeros vivos, 17 ahogados, 0 proliferación, 700 soldados en la mira y un solo carguero ruso rompiendo el bloqueo. El mundo no cambió; solo aceleró. La próxima explosión ya está programada. El contador sigue corriendo y nadie ha encontrado el botón de pausa.
