Un pescador peruano desaparece en coquimbo y su familia lucha contra el reloj para evitar que lo den por muerto
Alexander Taboada Cirlufu se desvaneció en el océano el 24 de marzo. Dos compañeros suyos ya flotan sin vida frente a Guanaqueros, Chile. La Armada chilena avisó: hoy cierra el caso. Y la familia, atrapada entre la pena y la burocracia, le grita al Perú: «Mándenlos buzos, no queremos un cuerpo arrastrado por la corriente, queremos a Alex».
Los vientos anómalos que volcaron la lancha
Regresaban de faenar cuando el cielo se rajó. Un viento lateral, raro para esa latitud, levantó la proa de la pequeña embarcación y la tiró de costado. El testimonio de César Cirlufu, hermano de Alexander, es una secuencia de imágenes congeladas: «El primero se amarró al casco y lo encontraron vivo; el segundo lo depositó la marea en la playa; el tercero… no aparece». Cinco días después, la madre de 67 años en Piura no para de mirar el celular. Cada mensaje suena como un disparo que nunca acierta.
La zona de búsqueda es un triángulo de 18 km de costa y 9 millas al fondo. Allí la corriente de Humboldt gira en espiral y los cuerpos, si no se atan a algo, se hunden a 200 metros antes de que pase la primera noche. Los buzos de la Armada chilena hicieron seis inmersiones con ROV y sondas de barrido lateral. Encontraron redes rotas, un flotador pintado de azul, pero ningún rastro de Taboada. El protocolo marca 96 horas máximas para pasar a fase de “desaparecido”. Hoy se cumplen 144.

La embajada que aún no contesta
César llegó a Coquimbo con 400 dólares en el bolsillo y la ropa que llevaba puesta. Duerme en un cuarto prestado de un pariente lejano y se levanta a las 5 para revisar el parte diario de la capitanía de puerto. «Me dijeron que hoy me dan una respuesta», repite como letanía. La respuesta, hasta ahora, es un silencio que huele a sal y a papel sellado. En Lima, la Cancillería confirmó que recibió el oficio de solicitud de buzos de la Armada peruana, pero el trámite «requiere coordinación interinstitucional». Traducción: nadie quique firmar.
El temor de la familia no es solo la muerte, es la indiferencia. «Si cierran el caso, el mar se queda con él para siempre», dice César mientras enseña una foto de Alex sonriendo con un atún de 30 kilos colgado del hombro. La imagen contrapone la fuerza del pescador con la fragilidad de un país que envía mano de obra al exterior pero no tiene un plan para traerla de vuelta cuando desaparece.
La última vez que alguien vio con vida a Alexander Taboada fue a las 16:32 del 24 de marzo. Su compañero de redes, antes de perder el conocimiento, dijo que lo visto nadando hacia el norte, contra la corriente. Ese dato no figura en el parte oficial. La familia lo incluye en un WhatsApp que circula entre pescadores de Piura y Coquimbo con dos palabras clave: no abandone. Son 14 letras que resuenan como una orden en el mar que se traga cada día a los que lo trabajan.