Un petrolero ruso sancionado desafía a ee. uu. y avanza hacia cuba con 730.000 barriles
El Anatoly Kolodkin, un buque ruso incluido en la lista negra de Washington, navega este lunes a toda máquina rumbo al puerto de Matanzas con casi tres cuartos de millón de barriles de crudo. El cargamento podría convertirse en oxígeno para una isla que lleva cuatro meses sin recibir ni gota de petróleo y donde hasta el 57 % del territorio se apagará esta noche por falta de diésel.
El barco zarpó el 8 de marzo desde Primorsk, atravesó el Canal de la Mancha escoltado por un fragata rusa y se despidió de Europa para internarse en el Atlántico. Ahora mismo cruza el canal de Haití y, según los datos de MarineTraffic, tocará fondo cubano en menos de 24 horas. Ahí, dentro de la zona económica exclusiva de La Habana, desaparecerá de cualquier mapa de interdicción.
El momento en que ee. uu. pierde el control
Jorge Piñón, ex director de la empresa petrolera Amoco y hoy referente académico en la Universidad de Texas, lo resume sin anestesia: «A estas alturas, las probabilidades de que Estados Unidos lo detenga han desaparecido». La razón es jurídica y práctica: una vez que el petrolero entre en aguas jurisdiccionales cubanas, cualquier operación coercitiva equivaldría a un acto de piratería internacional. Washington lo sabe y guarda silencio.
La partida, sin embargo, ya se había jugado en el Atlántico. Cuando el Anatoly Kolodkin pasó frente a las Azores, un destructor norteamericano lo siguió a distancia, pero no interceptó. La Casa Blanca prefiere evitar el espectáculo de un abordaje en plena crisis por Ucrania y prefiere guardar la pólvora para sanciones posteriores: según fuentes del Departamento del Tesoro, la empresa naviera propietaria del buque y el seguro londinense que lo cubre ya están en la mira.
La isla, mientras tanto, ha rehecho su ajedrez energético. Con el diésel al 40 % del consumo habitual, el gobierno de Miguel Díaz-Canel prioriza: primero los hospitales, después los generadores de turismo y, en último lugar, el transporte público que ya circula con horarios de guerra. La refinería de Cienfuegos opera al 30 % y el sistema eléctrico acumula 64 apaganes nacionales en lo que va de año. El número exacto lo tiene la bloguera cubana Cubadata: 6.847 MW de demanda, 3.900 MW de capacidad real. La matemática es brutal.

El crudo que llega tarde y la cuenta que se acerca
Los 730.000 barriles que transporta el ruso equivalen, tras destilación, a unos 250.000 barriles de diésel. En la jerga de la refinería cubana eso significa apenas 20 días de respiro si se reparte con cucharita. «El dilema es cruel», admite un ingeniero de la Unión Eléctrica bajo condición de anonimato: «O alimentamos las plantas y dejamos varados a los camiones, o movemos la economía y apagamos la luz».
La última vez que La Habana recibió petróleo fue el 23 de enero, cuando un buque venezolano descargó 550.000 barriles en Matanzas. Desde entonces, dos cargamentos más naufragaron en el limbo de las sanciones: uno fue rechazado por seguros europeos y otro desvió rumbo a Caracas tras encenderse las alarmas en el Departamento de Estado. El fracaso obligó a la isla a negociar con Moscú un crudo de peor calidad —el Urals contiene más azufre— y a pagar un sobreprecio estimado en 8 dólares por barril, según traders de Singapur que manejan parte del contrato.
El Kremlin, por su parte, amortigua la factura con un crédito a 180 días que cuba pagará en servicios médicos y azúcar cruda. El trueque revive la vieja lógica soviética, pero ahora sin el subsidio de los años ochenta. El barril se cotiza a 75 USD y el interés, al 7 % anual. La deuda energética de la isla ya roza los 4.000 millones de dólares, según los archivos de la Oficina Nacional de Estadísticas. Cada viaje del Anatoly Kolodkin añade 55 millones a la pila.

El silencio de washington y la apuesta de la habana
En la madrugada del lunes, cuando el petrolero cruce la línea de 12 millas, La Habana habrá ganado una mano. Pero el juego apenas empieza: el Departamento del Tesoro prepara una nueva tanda de sanciones contra empresas de fletamento y seguros que toquen puerto cubano. El objetivo es estrangular la logística, no la carga. La isla responde con una red de buques sombra: banderas de Tanzania, sociedades en Belice y capitales en paraísos que ni siquiera Moscú registra.
El Anatoly Kolodkin será solo el primero. Otros dos petroleros rusos —el Bogatyr y el Kapitan— ya cargaron en Novorossiysk y zarparon con destino Caribe. El cerco se estrecha, pero la isla aprendió a vivir sin combustible y con el miedo. Mientras tanto, el reloj de la refinería marca 15 días para el primer litro de diésel. La cuenta regresiva arranca cuando el barco toque muelle. Y esta vez, nadie promete que la luz se quedará encendida.
