Un turista sin signos vitales: puerto colombia despide a un estadounidense bajo el silencio de las cámaras
Roi Kevit Tetty llegó al hotel el jueves 26 de marzo con pasaporte azul y la expresión de quien viene a desconectar. Dos días después su cuerpo yacía tendido entre sábanas aún sin arrugas mientras los técnicos del CTI trataban de leer en la escena lo que nadie supo contar en vida.
La habitación 312 guarda más preguntas que respuestas
El detector de ausencias fue un guarda de seguridad que revisa pasillos desde hace nueve años. A las 11:43 del sábado 28 abrió con la llave maestra y el aire acondicionado le devolvió una ráfica fría que olía a lavanda y a algo que no quiso nombrar. El protocolo dice que debe avisar a recepción antes de tocar la puerta; la realidad dicta que cuando un huésped deja la cadena puesta y no responde dos veces, el silencio ya pesa más que la norma.
La Policía Metropolitana acordonó el piso en menos de veinte minutos. Un fotógrafo de la Sijín tomó 87 fotografías: la maleta abierta, el celular descargado, una botella de agua medio llena que conservaba la condensación como único reloj. Ninguna imagen mostró huellas de lucha. Ningún vecino escuchó gritos. El último rastro visible es un video del pasillo donde Tetty entra a la 1:06 de la madrugada del viernes y ya no sale más.

El miedo invisible que viaja con los pasaportes
Este domingo, mientras el Instituto de Medicina Legal practicaba la autopsia en Barranquilla, otro cadáver con acento de Estados Unidos esperaba turno en Medellín: Eric Fernando Gutiérrez Molina, auxiliar de vuelo desaparecido el 22 tras salir de una discoteca de Itagüí. El FBI cotejó sus huellas dactilares en tiempo récord. En Puerto colombia nadie ha confirmado si la embajada ha pedido los mismos exámenes para Tetty; la cancillería prefiere no hablar de “patrones” cuando dos ciudadanos de la misma nacionalidad aparecen muertos en la misma semana.
El gerente del hotel repite como letanía que “no hubo conductas extrañas”, pero la frave estalla cuando le preguntan si revisaron el minibar: Tetty pagó tres días por adelantado y no consumió nada. En la recepción anotaron que solicitó toallas extra el primer día y después ni siquiera pidió despertador. La ruleta de hipótesis gira entre intoxicación, paro cardíaco o la temida escopolamina que ya ronda las noches del Caribe colombiano.
La alcaldía de Puerto colombia publicó un comunicado de dos párrafos en Facebook y activó un plan de seguridad turística que consiste en patrullajes conjuntos. Lo que no dice el texto es que el municipio apenas tiene ocho cámaras de vigilancia propias y que el sector hotelero lleva años pidiendo una sala de monitoreo compartida. Mientras tanto, los turistas siguen llegando en bultos de vuelos charter que aterrizan en Barranquilla con la promesa de sol y precios de liquidación.

La autopista de datos que se estrella en el silencio
El CTI revisa ahora el historial médico que Tetty dejó en Miami: antecedente de hipertensión controlada y una reciente intervención dental que le obligaba a tomar antibióticos. La combinación con alcohol puede ser letal, pero también puede ser la coartada perfecta. Los detectives aguardan los resultados toxicológicos que llegarán en diez días; la prensa local ya tiene medio editorial escrito con la palabra “overdose” rondando el titular.
El cuerpo será entregado esta semana a la familia que no ha querido declarar. En el hotel ya desinfectaron la habitación 312, cambiaron la cerradura y borraron el registro interno con el nombre de Tetty. La ocupación del fin de semana está al 92 %. El miedo dura lo que un check-in.
Los dos cadáveres estadounidenses ya forman parte de la estadística que nadie quiere firmar: 14 extranjeros muertos en circunstancias no naturales en lo que va del año, según Medicina Legal. La cifra no incluye a los que aún están desaparecidos. Mientras el informe forence de Tetty se archive o se convierta en escándal, Puerto colombia sigue vendiendo habitaciones con vista al mar y prometiendo amaneceres que algunos huéspedes ya no verán.
