Una curva de ríos se traga la vida de un motorista vecino de romariz
Las 20.16 h del domingo quedarán grabadas en la memoria de Ríos. A esa hora, la OU-P-0000 —la carretera que une As Ferreiras con Romariz— dejó de ser un simple tramo de 500 m para convertirse en el último suspiro de un vecino de 48 años que rodaba en su Kawasaki Z750. Salió por el margen derecho, se enquistó en la bionda y el casco, pese a abrocharlo, saltó como un proyectil. No hubo testigos. No hubo segundas partes. Solo la Guardia Civil de Verín y una ambulancia que confirmaron lo inevitable.
La trampa del kilómetro 0,5
La vía es un lazo de 3,5 m de ancho que atraviesa el valle del Avia. En ese punto exacto —donde la rasante se suaviza y el asfalto luce nuevo— la sombra de los eucaliptos crece un túnel verde a la hora en que el sol se despide. Los vecinos lo saben: allí la luz se descompone en destellos que engañan al ojo y la curva, aparentemente fácil, esconde un desnivel de casi un 5 %. «Muchos vienen rápido porque parece que se puede», dice un agricultor que acudió tras ver el humo. La Z750, matrícula de Ourense, llevaba el chasis doblado y el depósito incrustado contra la guardarraíl.
El conductor, José Manuel V.P., padre de dos adolescentes y mecánico en un taller de Santiago, regresaba de visitar a su hermana en As Ferreiras. Llevaba casco integral homologado, pero el impacto lateral lo expulsó a 12 m del punto de colisión. La patrulla de Tráfico calculó que la velocidad rondaba los 95 km/h en un tramo limitado a 80. «No es excesiva, pero ahí sobra», apunta un agente que revisa la escena mientras la grúa levanta la moto. El test de alcoholemia fue negativo; el de drogas, pendiente.

Silencio entre los eucaliptos
La noticia corrió por el pueblo de boca en boca antes que por WhatsApp. A las 21.30 h, una docena de vecinos se agolpaba junto al cruce de Romariz, donde la carretera se estrecha y el firme se rompe en grietas. «Aquí hemos pedido un quitamiedos desde hace tres años», reclama la dueña del único bar. La Diputación anunció obras de seguridad en 2021, pero el proyecto quedó en un sobre sellado. Desde 2018, este tramo ha contado cinco salidas de vía con resultado de heridos; la de este domingo es la primera mortal.
La familia ha pedido que, en vez de flores, los vecinos enciendan una luz en la ventana esta noche. «Para que nadie más se quede a oscuras en esa curva», dice una prima entre sollozos. La Kawasaki Z750, limpia de polvo el sábado, yace ahora en el depósito de la policía local, con el cuentakilómetros detenido en 42.187 km. La carretera vuelve a abrirse al tránsito a primera hora de la mañana, como si nada. Pero el silencio entre los eucaliptos huele a gasolina y a promesa incumplida.
