Una delegación de ee uu planea pisar moscú en junio y kiev tiembla

La agenda secreta que ya mueve piezas en la sombra tiene fecha tentativa: junio. Un grupo de congresistas estadounidenses –aún sin lista oficial– prepara una visita a Rusia que, de concretarse, sería la primera desde que estalló la guerra y que podría sellar el destino de la ayuda militar a Ucrania.

El mensaje que llevó viacheslav nikonov a mar-a-lago

El diputado ruso regresó la semana pasada de Florida con la certeza de que «la energía extraordinaria» de la congresista Anna Paulina Luna –cuyo distrito limita con la residencia de Donald Trump– ha servido de puente. Nikonov no fue en representación del Kremlin; llevó un recado: Washington, según su versión, «no tiene a Ucrania entre sus prioridades». La frase, dicha ante cámaras en Moscú, suena como una liquidación en cuotas de la política exterior anterior.

El anfitrión ruso adelantó que la contra-visita «será muy representativa». No mencionó nombres, pero en la Duma ya se frotan las manos: ven la posibilidad de fotografiar a legisladores estadounidenses junto a la bandera tricolor antes del 4 de julio, cuando EE UU celebre su 250º aniversario. La imagen sería un golpe de propaganda inmediato: Occidente dialoga, aunque sea a medias, con el Kremlin.

Joe wilson compara la reunión con «recibir al tercer reich»

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En el Capitolio la reacción no se hizo esperar. El representante por Carolina del Sur calificó la iniciativa de «escandalosa» y prometió boicotear cualquier intento de normalizar relaciones mientras los misiles rusos sigan cayendo sobre civiles. La división entre republicanos duros y los que ya exploran una salida diplomática se agranda: el partido que en 2022 exigía más tanques para Kiev ahora debate si cortar el grifo.

Nikonov, por su parte, asegura haber visto «cero interés» en reanudar ayuda masiva. «En este momento todas las armas van a Oriente Medio», dijo, lanzando un dato que Kiev teme que sea el nuevo leitmotiv del Pentágono. La frase circula entre analistas de la OTAN como un aviso de deserción encubierta.

El reloj de kiev y el silencio de la casa blanca

El gobierno ucraniano lleva tres meses sin recibir un solo cargamento de proyectiles HIMARS. El último paquete aprobado por la administración Biden quedó en el limbo presupuestario y, con Trump de nuevo en campaña, el Congreso parece dispuesto a congelar nuevas partidas. El diputado ruso solo ha verbalizado lo que muchos senadores republicanos murmuran en los pasillos: la ayuda a Ucrania se acaba, al menos en la forma que conocimos.

La visita de junio, si se confirma, será mucho más que un simple intercambio de cortesías. Servirá para medir la temperatura de un posible acuerdo parcial: cesación de hostilidades a cambio de zonas de ocupación congeladas y sanciones aligeradas. El guion ya se ensaya en algunos think tanks europeos; ahora se trasladará a la mesa del Kremlin con testigos de Capitol Hill.

El mensaje es brutal: mientras Zelenski pide 25.000 millones adicionales, unos pocos legisladores planean estrechar la mano que aprieta el gatillo. La guerra entra en su fase de negociación encubierta y la primera víctima será la palabra «invencible» que tanto se repitió en los discursos de 2022. La realidad, como siempre, se escribe con letras pequeñas y fechas concretas: junio, Moscú, 4 de julio. Kiev ya lo ha anotado en rojo.