Undav rescata a alemania en el 87' y evita la crisis ante ghana

El MHP Arena de Stuttgart respiró al 87' como si fuera un gol de título. Deniz Undav fusiló desde el corazón del área y evitó que alemania cerrara marzo con dos amistosos sin ganar. El 2-1 al Ghana que se había atrevido a empatar veinte minutos antes dejó a Julian Nagelsmann con la frente sudando, no por el rival, sino por la impresión de que su Mannschaft sigue sin resolver el enigma del último pase.

Un primer acto de dominio sin recompensa

alemania salió con la misma ansiedad con la que se despipta un examen: balón al pie, presión arriba, carreras de Wirtz y Havertz como si el partido fuera de vida o muerte. Ghana, en cambio, se encerró con once hombres detrás de la línea del balón y esperó a que la tormenta amainara. La tormenta llegó: un disparo de Wirtz al palo en el 6', un cabezazo de Woltemade que obligó a Asare a volar y un gol anulado por fuera de juego en el 33'. Pero el marcador seguía en silencio.

El descanso llegó con sabor a descargo: penalti señalado por el VAR tras mano de Adjetey y Havertz transformó el 1-0 cuando el reloj ya marcaba 45+3. El gol parecía la sentencia de un monólogo, pero el fútbol siempre guarda una página en blanco para el que se relaja.

Ghana encontró la grieta y alemania la heroica

Ghana encontró la grieta y alemania la heroica

La segunda mitad fue un espejo roto. Los cambios de Nagelsmann —Goretzka, Rüdiger, Sané— desarmaron el ritmo y Ghana, que hasta entonces solo había corrido de arco a arco, descubrió que Fatawu puede ser más rápido que la duda alemana. En el 70' un centro medido de Köhn y un disparo cruzado igualaron el partido. El estadio calló. El empate olía a reproche.

Pero Undav, recién salido del banco, leyó el guión del desastre y lo rasgó. Recibió de Sané, amagó, giró y disparó cruzado. El balón besó la red en el 87' y la grada volvió a creer, aunque sea solo hasta junio, cuando la Euro empiece y los amistosos dejen de ser un espejo de cartón.

alemania cierra la ventana sin derrotas, pero con la certeza de que dominar no es matar y que Ghana, mundo 61 en el ranking, le obligó a jugarse la piel hasta el último aliento. Nadie en Stuttgart se atrevió a silbar, pero tampoco a cantar. La victoria sabe a descafeinado cuando el miedo aparece tan tarde y tan claro.