Unilever se juega la mitad de la despensa global por 15.700 millones
En la cocina de las grandes corporaciones, los fogones están a máxima potencia. Unilever negocia a contrarreloj entregarle a McCormick & Company la mitad de su imperio culinario: Hellmann's, Knorr y un ejército de salsas que han sazonado generaciones. El precio del trueque: 15.700 millones de dólares en efectivo y el 65 % del nuevo gigante resultante.

El fideicomiso que blinda 13.670 millones de euros al irs
El truco fiscal se llama Reverse Morris Trust, una estructura tan opaca como legal que permite a Unilever escapar del garfio del Internal Revenue Service. Lo que nadie cuenta es que este mecanismo, ideado en los 60 para fusiones de ferrocarriles, se ha convertido en el pasadizo preferido de las multinacionales que quieren vender sin pagar. La jugada: crear una filial, vaciarla de activos y hacer que el comprador se trague la cáscara. El resultado: cero impuestos federales.
La operación deja a Unilever desnuda en el supermercado. Conservará el negocio hindú de alimentos, sí, pero pierde la gallina de los huevos de oro: Knorr factura más de 3.000 millones anuales y Hellmann's domina el 30 % del mercado mundial de mayonesa. McCormick, por su parte, pasa de ser el rey de las especias a dueño de la despensa completa. La cifra habla por sí sola: el combinado facturará 11.000 millones, desplazando a Kraft Heinz en la liga de los condimentos.
Pero hay un detalle que nadie firma: la parte india queda fuera del trato. No es casual. Allí, Knorr es sinónimo de sopa instantánea y la compañía teme un linchamiento bursátil si toca ese activo nacionalista. Nueva Delhi ya amenazó a Unilever en 2020 con regular sus precios. La lección: no se juega con la comida de un país de 1.400 millones de bocas.
En los pasillos de la City, los analistas apuran el café. El consejo de Unilever se reunirá en pleno agosto, fecha en que tradicionalmente Londres está vacía. La urgencia del calendario delata la presión: los accionistas llevan dos años pidiendo deshacerse del área de alimentos, lastrada por márgenes del 16 % frente al 23 % de los cosméticos. McCormick, con sus bolsillos llenos tras el auge de la cocina casera pandémica, huele sangre.
El cronómetro marca 48 horas. Si no hay firma antes del viernes, la operación se iría al limbo de los proyectos veraniegos. Algo similar ocurrió en 2016 cuando Unilever rechazó una opa de 143.000 millones de Kraft Heinz. Entonces, Paul Polman se atrincheró en la soberanía. Ahora, Hein Schumacher abre la puerta grande. El cambio de ciclo es brutal: de decir no a 143.000 millones a regalar la mitad por 15.700. La moraleja: en el capitalismo, lo que ayer era caro hoy es lastre.