Uribe abraza a los mototaxistas y el gremio amarillo le recuerda sus propios decretos contra la informalidad
Hugo Ospina, el hombre que ha defendido el taxi amarillo como quien custodia una especie en extinción, acaba de sacar a la luz los fantasmas normativos de Álvaro Uribe. El expresidente promete ahora escuelas y créditos para más de 500.000 mototaxistas; Ospina le responde con dos decretos firmados por el propio Uribe que decretaban la muerte legal de esa misma informalidad.
La memoria que no olvida
El presidente de Asoproctax desempolvó el 2961 de 2006 y el 4116 de 2008. Ambos dieron a las autoridades el poder de inmovilizar motos y carros que trabajaban sin licencia. «Doctor Álvaro Uribe Vélez, yo sé que usted no se acuerda de todo lo que firmó en el año 2006 y en el 2008, pero yo sí tengo en mi memoria muy presente lo que usted firmó», lanzó Ospina, como quien lee una acusación en un juicio político improvisado.
El detalle que más le duele al gremio es el que obliga al motociclista a ser dueño de la moto que maneja. Hoy, bajo el modelo de «arrendamiento de plataforma», muchos conductores alquilan la moto, pagan una tarifa diaria y se juegan la vida por unos pesos que no les alcanzan para comprarla. «Eso convierte al trabajador en un esclavo con casco», resume Ospina.

El 65 % que sangra
La cifra que calla cualquier discurso electoral es la que entrega el Observatorio Nacional de Seguridad Vial: dos de cada tres muertos en accidente de tránsito en Colombia van en moto. «Hoy hay miles de muertos por estar promoviendo el transporte ilegal en vehículos particulares y motocicletas», advierte el dirigente, y su voz se quiebra cuando recuerda a los 18.000 conductores de taxi que han perdido el sustento frente a un ejército de motos que nadie puede contener.
El reclamo tiene un destinatario indirecto: Paloma Valencia, candidata al Senado por el Centro Democrático, que ha abierto la puerta a legalizar la mototaxía en zonas rurales. Ospino le pidió que no use la norma como moneda de cambio por votos. «No enganemos a la gente hoy por estar pensando en ganarnos un voto», sentenció.
La ironía es que el mismo partido que diseñó la trampa legal para acabar con la informalidad ahora promete abrir la jaula. Ospina lo resume con una metáfora de mecánica: «Primero nos dieron el manual para apretar los pernos; ahora quieren solarlos todos de golpe». El taxista no pide subsidios: pisa la gráfica de muertes y exige que alguien asuma que la moto, sin reglas, se ha convertido en el ataúd más popular del país.
