Uribe carga contra cepeda: ausente, sobornador y 'pésimo' senador

El expresidente Álvaro Uribe desenterró ayer la guerra de los últimos veinte años: le dedicó un ‘minuto’ virulento al senador Iván Cepeda a días de que el Pacto Histórico defina su candidatura presidencial para 2026. En un trino que acumula más de ocho mil interacciones, el exmandatario lo tildó de «ausentista», lo acusó de «sobornar testigos» y lo despachó como «pésimo congresista». La réplica, por ahora, fue silencio: Cepeda no abrió la boca, pero sus asesores ya preparan un comunicado que puede convertirse en la primera andanada de la campaña.

El vídeo de 44 segundos que reabre la herida

Uribe subió a sus redes un clip grabado en su oficina de El Rosal, con la bandera colombiana de fondo y su voz pausada de siempre. Lo que parecía un saludo terminó siendo una lista de cargos: «Cepeda ha sido pésimo senador. Ausentista del 40 % de las sesiones. Se dedicaba a sobornar testigos para que me acusaran». El mensaje dura lo mismo que un spot electoral y termina con un ademán de desprecio que sus seguidores interpretaron como la señal de guerra total.

La cifra del 40 % no es nueva: ya la había esgrimido el Centro Democrático en 2022 cuando Cepeda lideró la comisión de paz. El senador respondió entonces con su propio recuento y sacó un 12 % de inasistencias justificadas por viajes oficiales. Ahora, en privado, su equipo repite la misma tabla y añade un dato que no aparece en el trino: Uribe faltó al 35 % de los plenos del Senado entre 2014 y 2018, cuando aún no estaba suspendido por la Corte.

El fantasma del proceso por manipulación de testigos

El fantasma del proceso por manipulación de testigos

La acusación de soborno remite al proceso que la Fiscalía le abrió a Cepeda en 2018 por presunta inducción de testimios contra Uribe. El caso terminó archivado, pero Uribe lo revive cada vez que puede. «Ni así pudo sustentar su afán de afectar mi reputación», concluye el expresidente en el video. Lo que omite es que la carpeta se cerró por falta de mérito y que, en paralelo, la Corte Suprema lo envió a Uribe a juicio por los mismos hechos, aunque en sentido contrario: supuestamente el exmandatario habría comprado testimonios para incriminar a Cepeda. Ese proceso sigue abierto y la próxima audiencia está fijada para octubre.

La pelea personal se cruza ahora con la política. El Pacto Histórico tiene hasta el 30 de septiembre para registrar su fórmula y Cepeda aparece tercero en las encuestas internas, detrás de Gustavo Petro y de Francia Márquez. Un ataque directo de Uribe puede servirle de oxígeno en la izquierda, donde el expresidente es el enemigo común. «A Uribe le conviene que Cepeda sea candidato: le devuelve el electorado duro de su base y le da una excusa para no hablar de Odebrecht ni de las investigaciones de la Corte», explica un estratega del uribismo que pide no ser citado.

En el Centro Democrático, en cambio, celebran el golpe. «Es el minuto que faltaba para que la gente recuerde quién es Cepeda: el senador de las falsas víctimas», dice una vocera del partido. La frase resume la consigna que repiten los militantes en WhatsApp y que ya circula en stickers de Telegram con la cara del senador y la leyenda «Ausente 40 %».

La jugada, no obstante, tiene riesgo. El último sondeo de Invamer muestra que el 61 % de los colombianos cree que Uribe debería retirarse de la vida pública. Cada vez que reaparece, sube la polarización, pero también crece la fatiga del elector medio. «El video puede reforzar a Cepeda entre los jóvenes que ven en Uribe al pasado que hay que superar», advierte la politóloga Sandra Borda.

Mientras tanto, el senador viaja este fin de semana a Bolívar para reunirse con víctimas del conflicto. Su equipo descarta un contraataque inmediato: prefieren dejar que el video se cocine solo y responder con una propuesta legislativa contra la impunidad de los exmandatarios. El mensaje, dicen, será breve y sin mencionar al expresidente: «No vamos a caer en la trampa de su tiempo».

La guerra de los ‘minutos’ apenas empieza. En 2026 habrá campaña, debates y, posiblemente, una boleta con los dos nombres que más odio han generado en la política reciente. La diferencia es que ahora el escenario ya no es el Senado ni la Corte, sino el territorio entero. Y en esa pelea, los ausentes serán los que más pesen en la balanza.