Usac al borde del caos: protestas, represión y elecciones en la cuerda floja
El campus central de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) se convirtió ayer en un escenario de tensión y confrontación, apenas unas horas antes de la elección del rector que definirá el futuro de la institución. Estudiantes, encapuchados y la policía, en un choque que ha dejado heridos y sembrado dudas sobre la legitimidad del proceso electoral.
El csu, en el ojo del huracán
La chispa que encendió el conflicto fue la decisión, tomada el lunes pasado por el Consejo Superior Universitario (CSU), de excluir a catorce cuerpos electorales, la mayoría de carácter opositor a la actual administración encabezada por Walter Mazariegos. Paralelamente, se acreditaron sectores afines al rector, aumentando su representación de seis a nueve cuerpos electorales. Una maniobra que, según denuncias de las facultades excluidas, busca garantizar la reelección de Mazariegos a toda costa.
“Es una burla a la democracia universitaria,” denuncia Ana Pérez, representante de la Facultad de Ingeniería, quien asegura que la Corte de Constitucionalidad ha recibido las denuncias por vulneración de la participación democrática. La anulación del cuerpo electoral de Ingeniería, y el reconocimiento de un grupo vinculado a Erwin Calgua, han desequilibrado aún más la balanza, profundizando la crisis.
Lo que nadie cuenta es cómo el CSU ha ido modificando el padrón electoral en sesiones posteriores, restando legitimidad a la elección. La universidad, en un comunicado oficial, intenta justificar estas acciones, alegando la necesidad de suspender las clases presenciales tras los incidentes ocurridos durante la Semana Santa y la Huelga de Dolores.

Represión policial y campus sitiado
La situación se tornó crítica a primeras horas del viernes, cuando grupos de estudiantes de Medicina, Agronomía, Odontología y Psicología se enfrentaron a personas encapuchadas que bloqueaban los accesos al campus. La Policía Nacional Civil intervino tras la apertura forzada de los portones, dispersando a los manifestantes con gases lacrimógenos y, según testimonios, represión desmedida. Dos estudiantes resultaron heridos y fueron atendidos por bomberos voluntarios.
La administración universitaria, bajo el liderazgo de Mazariegos, ordenó el cierre inmediato del campus y restringió el acceso a la comunidad estudiantil, argumentando la presencia de “un grupo de personas desconocidas, con el rostro cubierto, que impiden el libre acceso y la locomoción”. Sin embargo, la imagen de un contingente policial avanzando en formación por una acera, preparándose para intervenir, no hace más que agravar la sensación de inestabilidad y control.
Un proceso electoral viciado
Las decisiones del CSU, tomadas en sesiones donde se excluyeron a trece cuerpos de oposición, parecen diseñar un escenario favorable para la continuidad de Mazariegos. La restitución del control de dos cuerpos previamente anulados a su gestión –Ingenieros Químicos y Arquitectos– completa un panorama donde la participación democrática se ve seriamente comprometida. La cifra habla por sí sola: de veintiún grupos de oposición, apenas cinco recibieron autorización para participar en la elección.
La elección del rector de la USAC no es solo un nombramiento institucional; es un símbolo de la lucha por la autonomía universitaria y la defensa de los derechos estudiantiles. La crisis actual pone de manifiesto las profundas fracturas internas que atraviesa la institución, y plantea serias interrogantes sobre su futuro. La elección de hoy, en medio de protestas y sospechas de manipulación, marcará un antes y un después en la historia de la USAC, definiendo si se consolida un modelo autoritario o se abre paso a una nueva etapa de diálogo y participación.