Usura en alza: colombia se desangra con las tarjetas de crédito
Más de 8,5 millones de colombianos ya tienen una tarjeta de crédito, pero el costo real de acceder a ese crédito se dispara. La Superintendencia Financiera acaba de anunciar un incremento significativo en la tasa de usura, un golpe directo al bolsillo de los usuarios y un claro desafío para el consumo.
El precio de la deuda: un 14% más para el consumidor
A principios de 2026, la Superintendencia Financiera reveló que la tasa de usura se situará en un alarmante 28,17% anual, un aumento de 1,41 puntos porcentuales respecto a abril de 2026. Esta cifra, calculada como 1,5 veces el interés bancario corriente, implica que las tasas máximas para tarjetas de crédito oscilarán entre el 18,37% y el 26,67%, según los datos de bancos como Banco Unión, Coltefinanciera y Banco Falabella. Es un escenario que, según expertos, obliga a los comercios a replantearse su modelo de negocio.
La realidad es que, frente a esta escalada de tasas, los comercios colombianos están buscando alternativas para mantener su actividad. La Bitácora Económica de Fenalco revela que el 65% de los comerciantes reportó ventas inferiores al mismo periodo de 2025, evidenciando el impacto inmediato. Pero no se conforman con esperar a que las condiciones cambien; están apostando por la financiación directa, un método que les permite establecer sus propios términos y condiciones, adaptados a su margen de beneficio y al perfil de sus clientes.

Financiación directa: la respuesta del comercio
“Cada punto que sube la tasa de política monetaria es un punto que encarece el crédito con tarjeta y que frena el consumo”, afirma Camilo Pérez, jefe de Investigación Económica del Banco de Bogotá. Y no se equivoque, la tendencia es clara: los comercios están apostando por la financiación directa, un modelo que les permite ofrecer cuotas a tasa cero en áreas como entretenimiento, hogar, tecnología e incluso salud. Daniel Garzón, de Creditop, subraya que esta estrategia, impulsada por la tecnología, les permite controlar las tasas, los plazos y las condiciones, recuperando margen de maniobra comercial en un entorno cada vez más hostil para el crédito tradicional.
Según datos de Fenalco, esta modalidad podría aumentar las ventas hasta en un 25% y elevar el ticket promedio en cerca de 50%. Pero la situación no es solo local. Las comisiones asociadas a las tarjetas de crédito en América Latina superan el 1% del PIB regional, una cifra considerablemente mayor que en Asia (0,4%) y Europa (0,2%), lo que alimenta la innovación y la búsqueda de alternativas de pago a cuotas.

Cuidado, el “gota a gota” persiste
Ante este panorama, los expertos aconsejan cautela a los hogares colombianos. “En la medida en que las tasas siguen subiendo, los hogares deben ser más cautelosos al endeudarse”, advierte Camilo Pérez. Gabriel Santos, presidente de Colombia Fintech, critica que la tasa de usura actual excluye al 65% de la población colombiana del crédito formal, proponiendo su reestructuración o eliminación para combatir el “gota a gota”. Es una batalla que va más allá de las tasas; implica garantizar el acceso al crédito para todos, sin que la deuda se convierta en una prisión.
La Superintendencia Financiera, responsable de supervisar y regular el sistema financiero, ha establecido límites claros para evitar sanciones y proteger a sus usuarios. Sin embargo, la presión sobre los comercios y los consumidores es innegable. La conclusión es contundente: Colombia se enfrenta a un desafío económico complejo, donde el crédito, lejos de ser un motor de crecimiento, se ha convertido en una amenaza latente.
