Valencia basket desata la fiesta: la copa de la reina llega al roig arena con la ciudad en ébullición
Las jugadoras del Valencia basket aterrizan esta noche en Manises con la decimonovena Copa de la Reina bajo el brazo y la certeza de que mañana, a las 20.00, el Roig Arena estallará en un rugido que ya se palpó el domingo en Tarragona. El club ha convocado a sus 4.000 abonados para celebrar un título que no solo redondea la temporada, sino que inaugura oficialmente la nueva casa del equipo femenino.
La victoria que rompe el maleficio
El 76-65 al Hozono Global Jairis no fue un simple partido. Fue la catarsis de un vestuario que llevaba meses midiendo sus pasos, que vio cómo se le escapó la Supercopa y que, de pronto, encontró en la final un punto de inflexión. La capitana Queralt Casas lo resumió en el túnel de vestuarios: «Por fin podemos gritar que esta camiseta también gera en la Reina». El mensaje fue para la grada, pero también para la directiva que apostó por un proyecto sin estrellas extranjeras de carteles, construido con base en la cantera valenciana y el talento ibérico.
Lo que nadie cuenta es que el equipo llegó a Tarragona con la mitad de la plantilla tocada. Cristina Ouviña jugó con un vendaje que le llegaba al codo; María Araújo apenas entrenó el sábado por un pinzamiento cervical. El cuerpo médico les aplicó un «plan de choque» que incluyó sesiones de crioterapia a las tres de la madrugada. El premio: un título que iguala al conquistado en 2019 y que coloca al Valencia basket como el club con más Copas de la historia de la Liga Femenina Endesa.

El ritual que empieza en la patrona
Antes de que las luces del Roig Arena se tiñan de taronja, una comitiva del club subirá a la Basílica de la Mare de Déu. Allí, el trofeo descansará unos minutos sobre el altar mayor. La tradición es tan antigua como la propia entidad: desde 1987, cada título pasa por la patrona. Pero esta vez hay una novedad: será la primera vez que el equipo femenino celebra un trofeo en la nueva pista. La Fonteta, histórica, se quedó pequeña; el Roig Arena, con su aforo para 15.000 personas, promete un espectáculo inédito.
La cifra habla por sí sola: 400 autobuses privados ya han solicitado aparcamiento en el entorno del arena. La empresa municipal EMT ha reforzado la línea 19 y habilitado un servicio especial desde la plaza de España. El ayuntamiento ha decretado lunes de «tarde libre» para los colegios de Benicalap y Campanar. No es un partido, es una fiesta de barrio que se ha escapado del aforo.
La economía del éxito
Cada Copa supone un ingreso extra de 150.000 euros en primas y patrocinios. Pero el impacto real se dispara: las tiendas oficiales han vendido 2.300 réplicas de la camiseta de campeona en 24 horas. El restaurante oficial del arena, que ayer cerró a las 23.30 con la celebración privada de la plantilla, ha agotado las reservas hasta el miércoles. Y la web del club colapsó al abrirse la venta de entradas para el partido del viernes contra el Perfumerías Avenida: 7.000 localidades en 43 minutos.
El presidente, Vicent Coscollá, no esconde la ambición: «Queremos que la final de la Liga se juegue aquí». El Roig Arena ya ha presentado la candidatura. La Liga FEB estudia la propuesta. El reto es logístico: instalar una pista retráctil en 48 horas, abrir la grada superior y cerrar el techo metálico que, por normativa, debe permanecer abierto en competición europea. La solución técnica existe; falta el sí de la FEB.
La fiesta empieza a las 19.15, pero las colas se formarán desde las 16.00. Las fans ya han rehecho la coreografía que corearon en Tarragona: «Volem la copa, volem la copa», coreado al unísono, con el ritmo de las palmas que recuerdan al Mestalla. El Valencia basket no solo ha ganado un título; ha desatado un movimiento que arrastra a toda la ciudad. Mañana, cuando las jugadores salten a la pista, el reloj del arena marcará las 20.00 y Valencia vibrará al ritmo de un taronja que ya no es solo deporte, es identidad.
