La fuente que cura la piel y el alma acecha en cee antes del finisterre
Ahí, donde la Costa da Morte se vuelve un susurro de sal y piedra, los peregrinos que ya tocaron la catedral de Santiago alargan la marcha otros 90 km para besar el océano. Justo antes de que la carretera se rompa en acantilados, la parroquia de Pereiriña les tiende una trampa de agua y fe: la Fuente Milagrosa de San Pedro Mártir. Beben, se lavan la cara y, según cuentan, vuelven a nacer. Cada año, cientos regresan a casa convencidos de que ese manantial rural les devolvió la vista o les calmó la piel que ardía desde hace décadas. La ciencia calla; la economía del pueblo, no: la romería mueve ya más de 20.000 euros en ventas de empanada, cerveza y alojamiento el domingo tras la Ascensión.
Agua, leyenda y factura
La capilla del siglo XVI apenas alcanza los 15 m de longitud. Tiene la fachura de granero y el misterio de catedral. Desde su espadaña cuelga una campana que repica solo tres veces al año: romería, festividad del santo y San Juan. En la noche de junio, la cola para llenar garrafas alcanza la carretera AC-445. La gente lleva rotuladores para marcar los envases: “Agua de los ojos”, “Agua de la piel”, “Agua para mi madre”. Nadie paga un céntimo, pero dejan monedas de un y dos euros entre las losas. El ayuntamiento recaudó el año pasado 3.400 € que invirtió en podar el castaño centenario que da sombra al pilón.
El párroco, Xosé Manuel Varela, confiesa que no bautiza a nadie en la fuente: “El rito lo inventan ellos”. A su lado, la Asociación de Amigos del Camino reparte folletos con el mapa de la ruta hasta Fisterra y un aviso: “Beba, pero no se lleve el agua en botellas de plástico nuevo; reutilice”. La frase suena a consigna ecologista, pero es pura supervivencia: en 2022 se retiraron 600 kg de residuos tras la romería. La Xunta estudia declarar el lugar Bien de Interés Cultural con la categoría de “paisaje etnográfico”, un trámite que blindaría el manantial de proyectos urbanísticos y blindaría también el negocio de las dos únicas casas rurales de Pereiriña, que ya facturan el 40 % de su facturación anual en ese fin de semana.

La cura que no figura en la receta
María do Carme, de Lugo, llegó en 2019 con la dermatitis de las manos tan rota que sangraba. Se bañó durante nueve días seguidos. Asegura que al décimo pudo coser sin guantes. Su historia corre por foros de peregrinos y ya hay terapias alternativas que incluyen la fuente en paquetes de 200 €: alojamiento, masaje y “ritual de la fuente” con cantos en gallego. La Colegio de Médicos de A Coruña lanzó un comunicado recordando que “ningún manantial sustituye un tratamiento basado en evidencia”. Pero la gente sigue llenando cantimploras.
Lo que pocos saben es que la fuente nació de un error. El historiador Fernando Portela desenterró un documento de 1573: los monjes que custodiaban la capilla cavaron un pozo para abastecerse y hallaron agua ferruginosa que manchaba la ropa. En lugar de taparla, la llamaron milagrosa. El milagro fue comercial: empezaron a cobrar por alojar a los enfermos. Hoy, sin cobrar, el negocio se llama Cee. El 12 % de sus ingresos turísticos ya proviene del puente de la Ascensión. El alcalde, Juan Carlos Santos, lo resume: “Si la fuente se secara, el pueblo envejecería de golpe”.
El próximo 18 de mayo, cuando la procesión suba el monte Lobelos, la capilla volverá a llenarse de cicatrices y esperanzas. Al otro lado del camino, el Atlántico aguarda para quienes aún creen que el fin del mundo cura lo que el agua no alcanza. La diferencia es que el océano no deja propinas.