Vicuña y lamothe se abrazan en el camarín y reviven el amor prohibido de brokeback
El aire huele a cuero curtido y a laca para el pelo. En un rincón del Multiteatro, Benjamín Vicuña se ajusta el sombrero de ala ancha; Esteban Lamothe baja la mirada y, sin hablar, se toca el cuello de la camisa como quien busca un amuleto. En 45 días subirán al escenario con la versión teatral de Secreto en la montaña y el adelanto que compartieron este lunes ya enciende los motores de Google: más de 200 mil reproducciones en cuatro horas, los comentarios pidiendo entradas, los memes comparándolos con Heath Ledger y Jake Gyllenhaal. La expectativa no es casual: Argentina nunca vio a dos galanes de prime-time asumir el riesgo de contar un romance homosexual en vivo, sin filtros, sin cortes.
El desafío que nadie aceptó en 15 años
Cuando Adrián Suar llamó a Vicuña, el chileno acababa de cerrar su temporada en Luis Miguel, la serie. «¿Te animás?», le preguntó. No había guion completo, solo el libro de Annie Proulx y la película de Ang Lee como referencia. Vicuña dijo sí en el mismo segundo. A Lamothe, en cambio, lo dudó dos semanas: venía del «galán turbio» de Envidiosa y temía quedar encasillado en papeles «oscuros». Fue Griselda Siciliani quien lo convenció: «Si te da miedo, es porque vale la pena». Firmó el 3 de enero, día de Reyes, y el 4 ya estaba en un taller de lectura en Pilar, con la voz quebrada por el personaje de Jack Twist.
El director Javier Daulte impuso una regla de hierro: no ver la película durante los ensayos. «Quiero que la historia respire con otros pulmones», repite. Entonces obligó a los actores a pasar 48 horas en la estancia El Rocío, a caballo, durmiendo en casilla, comiendo asado con gauchos. Allí nació la escena que nadie filmó: Vicuña le enseña a Lamothe a usar la cuerda de lazo; Lamothe le devuelve la lección con un mate cocido. «Fue el abrazo antes del abrazo», cuenta un ayudante de dirección que prefiere no dar su nombre. El video que publicaron ayer es apenas la costura visible de una intimidad que ya late bajo el escenario.

El vestuario que pesa tres kilos y la piel que se pega
Cada prenda fue confeccionada en el taller de Pablo Ramírez, el mismo que vistió a Ricardo Darín en El secreto de sus ojos. Las botas son de cuero norteamericano, suela de madera, 1,2 kilos por pie. El jean es Levi's 1947, sin elástico: si sudás, se te pegan a las piernas. El sombrero fue moldeado a mano sobre una forma de castor argentino; lleva 16 horas de trabajo. «Cuando me lo calzo, camino como si pisara vidrios», dice Lamothe. Vicuña, en cambio, usa una chupa de lino tejido que pesa casi dos kilos y se arruga con cada abrazo. «El arrugado es el personaje», bromea. El maquillaje tarda 35 minutos: polvos de maíz para el sudor, sombra marrón en la ceja, una cicatriz de goma líquida en la mejilla izquierda que reaparece en cada función.
La coreógrafa Lorena Pascual les impuso un ejercicio de desnudez: deben tocar el pecho del otro sin cerrar los ojos. «Si parpadeás, la escena se muere», advierte. Repitieron el gesto 214 veces hasta que los pulmones dejaron de temblar. El estreno será el 7 de mayo, pero ya hay 14 funciones agotadas. La entrada más cara cuesta 18 mil pesos; la más barata, 4.500. En Mercado Libre revenden plateas a 35 mil. El Multiteatro tiene 380 butacas: harán 16 funciones por mes. Hacer la cuenta: si se llena, la recaudación supera los 90 millones de pesos en la primera temporada. «No es un riesgo, es una apuesta», resume Suar.

La vida que sigue afuera del set
Mientras tanto, Vicuña celebra los 43 años con Ana Espansandín en un asado en San Isidro: invitó a 30 amigos, sirvió vino tinto de Casa de Uco y se fue a dormir a las 3 para estar a las 9 en el ensayo. Lamothe llegó de Niza hace diez días: se trajo una campera de lino que usó en la filmación y un perfume de sándalo que ahora impregna el camerino. «Es la esencia de Jack», dice. A la salida del teatro, los fans esperan con cuadernos para autógrafos; algunos llevan fotos de la película original. «¿Van a besar en escena?», preguntan. Los actores no responden: la respuesta está en el silencio del abrazo que cierra el adelanto.
La historia de Ennis y Jack llegó al cine en 2005 y recaudó 178 millones de dólares. Ahora, 19 años después, dos vaqueros argentinos la vuelven a montar a caballo, sin green screen, sin postproducción. Solo carne, sudor y la posibilidad de que el público llore en directo. El 7 de mayo el telón se abrirá. Lamothe respira hondo: «Cuando salga a la luz, ya no habá vuelta atrás». Vicuña ajusta el sombrero: «Y eso es exactamente lo que necesita la historia».