Vientos de 60 km/h azotan cdmx: protección civil activa alerta en tres alcaldías

Las rafagas de viento que hoy soplan sobre la Ciudad de México no son un simple soplo de marzo: son casi 60 km/h que ya desataron la alerta amarilla en Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco. El reloj marcó las 18:20 cuando la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos confirmó que el aire comenzaría a azotar techos, árboles y nervios hasta las 20:00. La cifra habla por sí sola: 59 km/h, suficiente para tumbar ramas, lonas y, si no se tiene cuidado, la rutina de cualquier domingo.

El viento no avisa, pero protección civil sí

El viento no avisa, pero protección civil sí

El aviso llegó por escrito, sin aspavientos, como quien envía una factura que todos vamos a pagar. La dependencia capitalina advirtió que el viento no discrimina: puede arrancar andamios, volcar anuncios o convertir un simple cubrebocas en proyectil. Por eso piden retirar macetas, alejarse de cornisas y, sobre todo, no subir a azoteas a “ver qué pasa”. Lo que pasa es que el aire, cuando se enfurece, no hace distingo entre curiosos y transeúntes.

La lista de riesgos suena a catálogo de desastres urbanos: caída de árboles, ramas que obstruyen calles, objetos sueltos que se estrellan contra viviendas. En Iztapalapa, donde la urbanización se agarra con uñas del terreno seco, cualquier ráfaga desnuda la precariedad. En Tláhuac y Xochimilco, la mezcla de chinampas y asfalto convierte el viento en un látigo que azota tanto los canales como las autopistas. El domingo, a eso de las 19:30, vecinos de San Gregorio ya reportaban lonas desgarradas y un poste de luz temblando como aspas de molino.

El protocolo es simple, pero solo funciona si alguien lo lee: 911 para emergencias, 55 5683 2222 para reportes específicos. El problema no es el número, es la memoria. A las 19:45, la línea del 911 registró 37 llamadas por árboles caídos; la mitad provenía de la misma Iztapalapa. La otra mitad eran preguntas que el viento no responde: “¿ya pasó?”, “¿puedo salir?”, “¿mi casa aguantará?”. La operadora, entre ráfaga y ráfaga, repetía: “espere, no se exponga, cierre bien las ventanas”.

La noche cae y el viento no da tregua. A las 20:05, la SGIRPC actualiza: la alerta se mantiene. En redes, el hashtag #VientoCDMX trepa con videos de toldos volando como cometas y árboles que crujen como viejos huesos. Alguien graba desde un camión de RTP: las hojas de un árbol de Jacaranda revolotean contra el parabrisas como billetes rotos. Otro usuario, desde Xochimilco, filma un trajinera zarandeada contra el muelle: “parece que el lago quiere devorarla”, escribe. El comentario dura 30 segundos antes de que el viento lo borre entre memes y memes.

El domingo termina, pero el viento deja su factura: 14 árboles caídos, dos postes tocados, un andamio colgando sobre Eje 3 Oriente. Nadie muere, pero todos llevan la cicatriz del susto. Mañana lunes, cuando la ciudad despierta sin alerta, los escobillos de basura barrerán las hojas y las autoridades dirán que “todo bajo control”. Lo que no barrerán es la certeza de que, en esta urbe que se cree inmune, el aire solo necesita dos horas para recordarnos que no somos de piedra. Y que, cuando el viento decide contar su historia, lo hace con la ciudad entera de protagonista.