Vingegaard atraviesa cataluña como un vendaval y ya marca el giro con fuego

Barcelona amaneció este domingo con el sabor metálico del esfuerzo y el aroma a goma quemada: Jonas Vingegaard acabó de coser su segundo título de la temporada sin que nadie pudiera tocarle ni el maillot franjiverde ni la moral. El danés cerró la Volta con la misma frialdad con la que abrió París-Niza: dos semanas, cuatro etapas de montaña y un margen de 1:22 que huele a pólvora del Giro.

El ataque que nadie pudo contrarrestar

El viernes, a falta de seis kilómetros para la cima del Coll de Pal, Vingegaard apretó el puño sobre el manillar y se fue solo. 51 segundos le sacó a Felix Gall. Al día siguiente, en Queralt, repitió la jugada: dos kilómetros de rampa y otro meneo que dejó a Remco Evenepoel trabajando para Lipowitz como un simple gregario. Dos golpes, dos muertes anunciadas. El resto fue gestión.

La última etapa, con siete subidas a Montjuïc, se convirtió en un test de resistencia para los que aún guardaban fuerzas. Evenepoel lanzó cinco ataques. Ninguno agarró. El sprint final fue un mano a mano entre Brady Gilmore —el australiano que corre para el NSN de Andrés Iniesta— y Maxime Godon, que se llevó las dos primeras etapas y se quedó con las ganas de despedirse con otra. Gilmore le pasó la rueda por fuera a falta de 50 metros y le regaló a su patrón la segunda victoria del equipo esta semana.

El podio que anticipa mayo

El podio que anticipa mayo

Detrás de Vingegaard, Lenny Martínez (Bahrain) y Florian Lipowitz (Red Bull-Bora) aguantaron el tipo hasta el final. El francés, de 20 años, confirmó que su tercer puesto en la Pasión Vuelta a España no fue un espejismo. El alemán, por su parte, se consolidó como el joker de un equipo que ya huele la guerra del Giro con dos líderes: él y Evenepoel, quien terminó a 2:32 del danés y con la mosca detrás de la oreja.

Entre los españoles, la sensación fue de tristeza contenida. Mikel Landa, decimoquinto, fue el mejor de la armada. Enric Mas, que llegó a la Volta con aires de liderazgo, cruzó la meta de Queralt a once minutos y acabó 24º. La montaña, otra vez, se le quedó grande.

Barcelona, antesala del tour

Dentro de tres meses, la ciudad volverá a vestirse de amarillo para el ‘Grand Départ’ del Tour. Vingegaard ya dejó su tarjeta de visita: siete ascensiones a Montjuïc sin despeinarse y una victoria que huele a pólvora de julio. El danés suma ya cinco de las siete ‘majors’ de una semana. Le falta el Giro. Empieza el 8 de mayo en Bulgaria. Y él ya ha marcado el territorio con fuego.

La temporada apenas ha cumplido los 90 días y Vingegaard lleva 14 victorias entre profesionales y etapas. El mensaje es claro: donde aparece, el resto pedalea para no perderle la rueda. Cataluña fue solo un ensayo. El Giro será la función.