Virgin galactic vende pasajes al espacio por 750.000 dólares y el lujo despega desde nuevo méxico

El sueño de flotar fuera de la atmósfera ya tiene precio y fecha: 750.000 dólares y una pista de despegue en el desierto de Nuevo México. Virgin Galactic acaba de abrir la taquilla definitiva del turismo espacial, y los primeros asientos se venden mientras lees.

El entrenamiento incluye gansos y gravedad cero

Comprar el boleto no es como reservar un vuelo a París. La compañía exige varios días de preparación física y técnica en las instalaciones de Spaceport America. Ahí los futuros pasajeros aprenden a soportar la aceleración de 3,5 g, a moverse en microgravedad y, sobre todo, a no vomitar mientras la Tierra se curva bajo sus pies. El paquete cubre traje, alojamiento y la foto de rigor: el astronauta civil flotando con la cabeza tocando el techo de la cabina.

La misión dura 90 minutos, aunque solo cuatro son en absoluto silencio fuera de la atmósfera. El VSS Unity se desprende de su portaaviones a 15 km de altitud, enciende el cohete durante 60 segundos y se lanza a 100 km sobre el nivel del mar. Ahí, el pasajero desabrocha el cinturón, se da la vuelta y ve la línea azul pálida que nos mantiene vivos.

El mercado que despega en medio de la desigualdad

El mercado que despega en medio de la desigualdad

La cifra habla por sí sola: 750.000 dólares es el doble de lo que cobró Virgin por los primeros pasajes vendidos hace una década. La empresa asegura que así financia la flota de deltas que prometen vuelos diarios a partir de 2026. Pero también revela quién puede pagar el equivalente a un apartamento en Madrid para flotar cuatro minutos.

El negocio, por ahora, es un club cerrado: cada vuelo lleva solo cuatro turistas y dos pilotos. La lista de espera supera los 800 nombres, muchos de ellos millonarios que ya reservaron en 2004 y han visto cómo el precio se duplicaba sin que les tiemble el pulso. Virgin promete que la escala reducirá costes, que cada nuevo cohete recortará el ticket. La realidad: por cada pasaje vendido, la compañía pierde dinero y gana marketing.

El desierto de Nuevo México se ha convertido en el escenario de un experimento de física y de marca. Desde aquí, Branson quiere demostrar que el espacio ya no es patrimonio de gobiernos, sino de quien pueda firmar un cheque. La curvatura de la Tierra, antes un privilegio de cosmonautas soviéticos y pilotos de la NASA, ahora se alquila por el precio de una Ferrari y se entrega con chaleco antibalas incluido.

La próxima vez que veas brillar un punto en el cielo nocturno, quizá no sea un satélite. Quizá sea un turista con gafas de 50.000 dólares grabando un TikTok a 100 km de altura. Y cuando baje, el desierto volverá a quedarse en silencio, con la única certeza de que, arriba, la línea azul sigue siendo frágil y la gravedad, un lujo de alquiler.