Votar solo por presidente no regala puntos a nadie: la regla que callan los partidos
La cédula del 12 de abril tendrá cinco columnas, 37 listas y una trampa invisible: la tentación de dejar en blanco lo que no entendemos. Alexandra Velázquez, la voz técnica de la ONPE, lo desmenuella con la paciencia de quien ha visto llorar a medio país frente a una papeleta mal marcada. Su mensaje es rudo y reconfortante: el voto presidencial vale aunque el resto de la cédula parezca un desierto.
El voto huérfano que no le regala nada a nadie
Dejar vacías las otras cuatro columnas no es un regalo oculto a la derecha ni a la izquierda. Es un corte limpio: cada elección se cuenta por separado. El voto en blanco de senadores, diputados o Parlamento Andino se anota como tal, se despacha en la acta y se archiva. No hay transferencia secreta de preferencias, ni artimaña matemática que beneficie al segundo lugar. «El universo de votos válidos se reduce solo en esa categoría», dice Velázquez. El resto del tablero sigue intacto.
La aclaración llega tarde para muchos. En bodegas y mercados ya circula la leyenda urbana de que «dejar libres las demás casillas favorece al que va arriba». Mentira cochina. La única consecuencia real es que quienes propagan el rumor consiguen lo que buscan: desmovilizar al indeciso.

La cruz que salva (o condena) tu papeleta
La marca debe ser una X, no un corazoncito, no una paloma, ni la firma del hijo. La intersección de la cruz debe caer dentro del recuadro; si se sale un milímetro, la máquina de conteo lo lee y el ojo humano lo valida. Pero dos marcas en la misma columna lo convierten en voto nulo. Y ahí no hay apelación: se va al cementerio de los 600 mil votos perdidos que suelen aparecer en cada elección.
El error más común será mezclar símbolo y fotografía. En la columna presidencial ambos espacios valen; en el resto, solo el símbolo cuenta. Escribir números de candidatos que no existen en tu región —por ejemplo, votar por un tacneño cuando estás en Lima— anula el preferencial, pero no la lista. El voto sigue vivo, aunque herido.

La independencia de cada casilla (y del elector)
La cédula de 2026 permite el voto cruzado sin pedir permiso: puedes elegir a la ultraderecha para presidente y a la izquierda regional para senadores. O mezclar a cuanto dinosaurio aparezca. También puedes entregar una papeleta semivacía y seguir siendo ciudadano ejemplar. «El voto es un menú a la carta, no un menú degustación», resume Velázquez.
Pero hay una foto que pocos han visto: la del almacén donde se guardarán las papeletas marcadas solo en la primera columna. Montones de papeles que gritan «basta» sin necesidad de slogan. Serán contadas, archivadas y olvidadas, porque la ley no obliga a participar en las cinco categorías. Solo exige respetar la voluntad expresada donde sí hubo marca.
El 12 de abril habrá quien entre al cuarto oscuro con la certeza de un solo nombre. Saldrá con la conciencia tranquila: su voto presidencial no alimentará a ningún otro partido. El resto será silencio. Y ese silencio, esta vez, no será regalo de nadie.