Vox denuncia a la aek por la korrika: eta se cuela en la fiesta del euskera
La Audiencia Nacional acaba de recibir una denuncia que convierte la última Korrika en un campo de batalla judicial. Vox acusa a la coordinadora AEK de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas de ETA por permitir la presencia de exetarras y símbolos pro-presos durante la carrera por el euskera que recorrió el País Vasco, Navarra y el Iparralde francés entre el 14 y el 24 de marzo.
Los nombres que encienden la polémica
El partido de Santiago Abascal señala con nombre y apellidos a Albino Sáenz, Mikel San Argimiro y Xabier Atristain, tres exmiembros de ETA que participaron en el relevo de la antorcha cuando la Korrika pasó por San Sebastián. La denuncia también incluye la imagen de un niño en Pamplona luciendo una camiseta con el rostro de Patxi Ruiz, el etarra condenado por el asesinato del concejal de UPN Tomás Caballero en 1999.
Los servicios jurídicos de Vox aseguran que estos episodios se repitieron en Getxo, Berango y Lasarte-Oria con pancartas, consignas y fotos de presos de ETA. La formación ultraderechista interpreta que la AEK «no adoptó medida alguna para impedir estos comportamientos», lo que, a su juicio, convierte a la entidad en cómplice de un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo y de un agravio sistemático a las víctimas.

El ariete legal que busca un precedente
La estrategia de Vox no se limita a la protesta política. La denuncia pide a la Audiencia Nacional que abra diligencias para investigar a los organizadores de la Korrika y a los responsables de cada acto denunciado. El partido argumenta que la difusión mediática y en redes sociales de estos gestos «amplifica el mensaje» y agrava la supuesta responsabilidad penal.
La jugada judicial llega en un momento delicado: la izquierda abertzale intenta desvincular la cultura del euskera de la herencia de ETA, mientras que la derecha española busca judicializar cualquier atisbo de nostalgia violenta. La Korrika, que durante décadas fue una fiesta civil para normalizar el idioma, se convierte ahora en un examen de fuego para la memoria colectiva.
La Audiencia Nacional tendrá que decidir si la presencia de exetarras en un acto cultural es un delito o una concesión a la libertad de expresión. Mientras tanto, la AEK guarda silencio. La carrera por el euskera ha terminado, pero la carrera por el relato apenas empieza.