Washington ordena a sus ciudadanos huir de irak ante la tormenta iraní

La embajada de Estados Unidos en Bagdad ha lanzado este domingo una orden de evacuación que suena a grito de guerra: salid de Irak ahora o arriesgad la vida. El texto, breve y sin eufemismos, advierte que Teherán y sus milicias locales han marcado objetivos civiles —universidades, hoteles, aeropuertos— con la precisión de quien ya tiene el dedo en el gatillo.

El mapa del miedo: de bagdad a dohuk

La amenaza no es genérica. La legación diplomática enumera ciudades clave —Bagdad, Suleimaniya, Dohuk— donde las presencias estadounidenses son ya blancos designados. El mensaje interno que circula entre los funcionarios habla de drones cargados de explosivos y misiles balísticos listos para salir de los campamentos del Hashd al-Shaabi, la red de milicias paramilitares que controla calles, aeropuertos y hasta campus universitarios.

Lo que nadie cuenta es que el cierre del espacio aéreo iraquí —decretado hace horas— deja a los extranjeros atrapados como en una ratonera. La única salida viable es por carretera: 800 km hasta Ammán, 300 hasta Kuwait, rutas que ya registran colas de camiones y coches particulares cargados con maletas y mascotas. La autopista 1 hacia Jordania cobra 300 dólares por cabeza a quienes los coyotes locales se hacen llamar «agentes de tránsito».

Bagdad culpa a washington, washington culpa a bagdad

Bagdad culpa a washington, washington culpa a bagdad

El comunicado oficial no solo advierte a los ciudadanos; arraza al Gobierno iraquí por «permitir que territorio nacional se use para planificar ataques contra intereses estadounidenses». Es la acusación más directa desde el asesinato del general Qasem Soleimani en enero de 2020. Desde el despacho del primer ministro al-Sudani responden con desgana: «No somos guardias de seguría privada de EE.UU.», murmura un asesor que pide anonimato.

Mientras tanto, en los barrios chiíes de Jadriya y Karrada los carteles vuelven a proliferar: «Muerte a América» pintado sobre los muros de las universidades que, paradójicamente, la propia embajada señala como zonas de riesgo inminente. La ironía es que muchos de esos campus fueron financiados, hace una década, con dinero de la USAID.

El negocio de la desesperación

Con los vuelos comerciales cancelados, los pasajes de autobús a Estambul se han disparado hasta los 1.200 dólares. En la estación de Alawi, un hombre que da su nombre como Abu Yasser ofrece «trámites exprés» para cruzar el puesto fronterizado de Fish Jabour hacia Turquía: 600 dólares por un sello que antes costaba 25. «La demanda es brutal», suspira, mientras enseña un fajo de pasaportes verdes aún sin marcar.

La cifra habla por sí sola: más de 2.500 estadounidenses registrados por la embajada siguen en el país, según datos internos obtenidos por este diario. Muchos son trabajadores humanitarios, profesores de inglés o contratistas petroleros que apostaron a que la tensión bajaría. Ahora se juegan el pellejo en un territorio donde hasta los taxistas pueden ser informantes a sueldo de Quds Force.

La noche del sábado, un dron explotó cerca de la base militar de Harir, en el Kurdistán iraquí. Nadie reivindicó, pero todos saben. Es el preludio. Washington ha dicho basta con una orden que no admite réplica: abandonen Irak o prepárense para contar la historia desde un sótano embadurnado de sangre.