Yuli ruíz: del reality a la tormenta por bailar con un menor
Yuli Ruíz salió de La casa de los famosos Colombia y se metió en un escándalo que estalla en redes: un video la muestra bailando reguetón con un adolescente de 14 años sobre una tarima escolar. En 48 horas, la empresaria pasó de ser la eliminada del domingo 29 de marzo a tendencia nacional por “sexualizar” a un menor.
El clip que nadie pide ver pero todos reproducen
El video dura nueve segundos. Ahí se la ve a ella, en top ajustado y short, meneando la cadera contra el cuerpo del estudiante mientras el público grita. El celular que graba lo hace desde abajo, subiendo el volumen al cántico de “¡Yuli, Yuli!”. Fue subido a X la madrugada del lunes y para el mediodía ya tenía 3,2 millones de reproducciones y el hashtag #YuliOut colgando del top 1.
La reacción fue instantánea. Madres de familia, influencers de pedagogía y hasta el Ministerio de Educación —que no tiene competencia directa sobre eventos privados— soltó un comunicado recordando que “el adulto responsable debe preservar el entorno escolar de cualquier insinuación sexual”. La frase suena a lenguaje burocrático, pero en redes fue leída como una sentencia anticipada.

La defensa: “no fue con doble intención”
El lunes 30, Ruíz desayunó con el país en Buen Día, Colombia. Sentada frente a Nicolás Arrieta, aseguró que el baile fue “una dinámica pedida por los mismos estudiantes” y que el chico “se subió voluntariamente”. Aseguró que el video está “cortado” y que antes de esa secuencia ella entregó kits escolares y rifó zapatos. “Tengo fundación, doy todo por los niños”, repitió tres veces en menos de un minuto, mientras su publicista agitaba un dossier de fotos con donaciones.
Pero hay un detalle que Ruíz no logró desactivar: el evento fue contratado por una marca de jeans cuyo briefing pedía “interacción fresca con Gen Z”. La empresaria cobra 12 millones de pesos por aparición escolar, según la tarifa que maneja su manager y que filtró la revista TVyNovelas hace dos meses. Es decir, aquel “acercamiento espontáneo” forma parte de un servicio pago.

El contexto que no alcanza
Lo que nadie cuenta es que la polémica se incubó dentro de la misma casa de Guarne, Antioquia, donde se graba el reality. Allí, Ruíz protagonizó un triángulo amoroso con Alejandro Estrada y luego un acercamiento con Altafulla, ganador de la temporada anterior. Ambos romances generaron memes y ataques de moralina que ya la señalaban como “la mujer que rompe hogares”. El video escolar cayó como prueba perfecta para quienes esperaban su cabeza.
La fiscalía de menores de Medellín abrió una indagación preliminar. No hay denuncia formal, pero el protocolo obliga a evaluar “posible acto sexual impropio”. La pena, de haber responsabilidad, es de 12 a 30 meses de multa; cárcel no entra porque no hubo contacto íntito. Mientras tanto, la Procuraduría pidió a los colegios revisar contratos con influencers y la marca que contrató a Ruíz suspendió la campaña “hasta nuevo aviso”.
La industria del contenido paga el pato
El caso pone sobre la mesa una cifra que asusta: en Colombia hay 42 mil creadores de contenido que facturan por apariciones escolares, según la Cámara de Comercio digital. La mayoría no firmó contratos que regulen límites de interacción con menores. El ministerio de TIC prepara un decreto que obligará a “aviso de contenido adulto” cuando un influencer mayor de 18 años participe en actividades escolares. La norma llegará tarde para Ruíz.
La empresaria perdió 180 mil seguidores en 24 horas y dos marcas de cosméticos le suspendieron campañas. Su fundación, que atiende a 120 niños de la calle en Bello, recibió ayer una lluvia de donaciones irónicas: 5.000 pesos con el concepto “para que aprendas a respetar”. El dato habla por sí solo: el castigo social ya empezó y la factura es multimillonaria.
La lección es tosca: en el negocio de la exposición, un segundo de cámara mal editado puede liquidar años de imagen. Yuli Ruíz lo sabe ahora. El país también.
