Zulema jattin se planta: no se retracta de lo que dijo de uribe ante la jep
La exsenadora Zulema Jattin le dio este martes una patada en el tablero al proceso que el expresidente Álvaro Uribe abrió contra ella por injuria y calumnia. Lo hizo con cuatro palabras que ya le comunicó a la Fiscalía: no hay retractación.
La historia viene de 2023, cuando Jattin declaró ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y señaló que Uribe había tejido alianzas con estructuras paramilitares. Uribe replicó con una demanda penal. Tras meses de tiras y aflojas, el pasado octubre los abogados de ambos se sentaron a dialogar. Fracaso total.
La reunión que no suavizó nada
En la cita, los representantes del expresidente —el bufete De la Espriella Lawyers— pidieron a Jattin que matizara sus dichos como una «simple percepción» y que firmara una rectificación pública. La exparlamentaria se negó. «Manifesté que no tenía ánimo conciliatorio y que no iba a retractarme», le dijo al periodista Daniel Coronell en Caracol Radio. La audiencia quedó en nada.
El proceso penal, por tanto, sigue su curso. Jattin ya no ha vuelto a recibir notificaciones, pero sabe que la próxima citación puede llegar en cualquier momento. «Ellos querían que dijera que lo mío era una percepción. Yo les recordé que hablé bajo gravedad de juramento ante la JEP», apostilló.

El trasfondo que inquieta al uribismo
La declaración que ahora le cuesta cara a Jattin se enmarca en el expediente de parapolítica que la Corte Suprema le abrió por presunto concierto para delinquir. Su testimonio ante la JEP buscaba, precisamente, desentrañar cómo políticos y paramilitares se financiaron y protegieron mutuamente en la costa Caribe colombiana.
Uribe, que ha demandado a varios de quienes lo han vinculado con grupos de autodefensa, ve en este caso una oportunidad de cerrarle el pico a una de sus acusadoras. Pero Jattin, por ahora, no cede. «No voy a peder perdón por decir lo que vi y lo que viví», sentenció.
El litigio se convierte así en una suerte de brazo de hierro judicial: el primero que parpadea —o se desdice— pierde. Mientras tanto, la JEP conserva su versión en un expediente que, tarde o temprano, deberá dirimir si hubo o no alianza entre el poder político y las bandas armadas. La presión, como siempre, recae sobre quien habló primero.
